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Arquitecturas híbridas: infraestructura alineada con las necesidades del negocio 

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Por Santiago Rosero, Gerente de Tecnología, Humana S.A. 

La infraestructura empresarial avanza hacia modelos híbridos donde centros de datos locales, nube y capacidades digitales operan bajo una estrategia común. La decisión sobre dónde ejecutar cada carga responde a variables como regulación, sensibilidad del dato, criticidad, escalabilidad, costos y valor para el negocio. 

Ejes de análisis

  • Decidir qué permanece local y qué migra a la nube 
  • Arquitectura basada en valor 
  • Gestión híbrida sin fragmentación operativa 
  • La arquitectura híbrida como modelo objetivo 
  • Modularidad y abstracción para responder al negocio 
  • Prioridades para los CIO en los próximos cinco años 

La estrategia de infraestructura ha evolucionado desde un modelo tradicional, centrado en sostener la operación, hacia una plataforma ágil que habilita la transformación del negocio. 

En una primera etapa, la organización dependía principalmente de centros de datos locales, por razones de control, seguridad y regulación. Sin embargo, en los últimos años avanzó hacia un modelo híbrido y multinube. 

Hoy, la infraestructura funciona como un motor estratégico: permite lanzar servicios digitales con mayor rapidez, procesar datos en tiempo real y responder a la demanda del sector salud y asegurador con la elasticidad que exige el mercado. 

Decidir qué permanece local y qué migra a la nube 

La priorización de qué aplicaciones o servicios permanecen en infraestructura local y cuáles migran a la nube es una decisión estratégica, no únicamente técnica. Esta definición debe considerar el marco regulatorio, la sensibilidad de la información, la criticidad de los sistemas y las necesidades de escalabilidad del negocio. 

Para ello, se utiliza un framework basado en tres criterios clave. 

El primero es la regulación y sensibilidad del dato. La información médica y los datos personales críticos, bajo normativas como la Ley Orgánica de Protección de Datos Personales, requieren altos niveles de control, seguridad y soberanía. En estos casos, la infraestructura local o las nubes privadas locales pueden ofrecer mayores garantías de cumplimiento y gobierno del dato. 

El segundo criterio es la criticidad del core y la latencia. Los sistemas transaccionales base, que demandan baja latencia o mantienen dependencias heredadas complejas, suelen permanecer en ambientes locales mientras avanzan sus procesos de modernización. 

El tercer criterio es la innovación y escalabilidad. Las soluciones orientadas a alta disponibilidad, interacción directa con el cliente —como aplicaciones, portales web y canales digitales— o capacidades avanzadas de analítica e inteligencia artificial se diseñan preferentemente desde la nube, por su flexibilidad y capacidad de crecimiento. 

Arquitectura basada en valor 

Al momento de definir la arquitectura tecnológica, el objetivo es equilibrar disponibilidad, rendimiento, seguridad y costos bajo una lógica de arquitectura basada en valor. Esto implica buscar la solución que mejor responda a las necesidades del negocio y que genere un impacto en la operación y en la experiencia del cliente. 

La seguridad y la disponibilidad son criterios no negociables. Para ello, se implementa una visión de Zero Trust, que permite unificar la seguridad sin importar dónde resida la carga de trabajo. 

En cuanto a rendimiento y costos, es importante la optimización financiera y técnica mediante prácticas de FinOps. El consumo en la nube debe monitorearse de forma constante para apagar recursos que no se utilizan, escalar bajo demanda y evitar costos innecesarios. 

Si migrar una carga a la nube duplica el costo sin mejorar el rendimiento, la disponibilidad o la experiencia del usuario, debe evaluarse su permanencia en infraestructura local.  

Gestión híbrida sin fragmentación operativa 

Administrar una infraestructura distribuida entre diferentes entornos tecnológicos requiere mitigar la complejidad operativa y evitar la fragmentación. Gestionar ambientes híbridos sin una estrategia de integración puede generar silos tecnológicos, duplicidad de esfuerzos y menor visibilidad sobre costos, seguridad y desempeño. 

Para abordar estos puntos de manera eficiente, la gestión se concentra en tres frentes. 

La visibilidad unificada. Implementar herramientas de observabilidad permite monitorear todo el ecosistema —infraestructura local y nube— desde un solo panel, facilitando una administración integral y oportuna. 

La estandarización. Automatizar el despliegue y la administración de recursos mediante Infraestructura como Código ayuda a reducir errores manuales, acelerar procesos y mantener consistencia entre entornos. 

Y la evolución del talento. El equipo de TI debe fortalecer sus capacidades y pasar de perfiles centrados en la administración tradicional de servidores hacia roles como ingenieros de plataformas, arquitectos de nube y especialistas en automatización. 

La arquitectura híbrida como modelo objetivo 

Las arquitecturas híbridas desempeñan un papel central y definitivo dentro de la estrategia tecnológica de la organización. No representan una fase de transición, sino el estado final deseado para operar y evolucionar la infraestructura tecnológica. 

Este modelo brinda la flexibilidad de aprovechar lo mejor de ambos mundos: la solidez, el control y el cumplimiento que ofrece la infraestructura local, junto con la velocidad, la innovación y la capacidad de experimentación que habilita la nube. 

Es, además, el puente que permite modernizar el negocio al ritmo que exige la estrategia corporativa. 

Modularidad y abstracción para responder al negocio 

La infraestructura se prepara a partir de dos principios: modularidad y abstracción. La organización avanza hacia arquitecturas basadas en microservicios y contenedores, lo que permite desacoplar las aplicaciones de la infraestructura subyacente y responder con mayor agilidad a nuevas necesidades del negocio. 

Esta arquitectura facilita incorporar funcionalidades o capacidades adicionales —como motores cognitivos, analítica avanzada o modelos de inteligencia artificial— de forma modular, sin alterar toda la plataforma ni incrementar innecesariamente la complejidad operativa. 

Además, la automatización de procesos y la plataformización permiten que los equipos de desarrollo gestionen parte de sus requerimientos de manera autoservida, bajo estándares definidos. Así se evita el desorden en la infraestructura y se mantiene el control, la seguridad y la consistencia operativa. 

Prioridades para los CIO en los próximos cinco años 

Durante los próximos cinco años, la infraestructura empresarial será cada vez menos visible para el usuario de negocio y más inteligente en su operación. Su evolución estará marcada por la capacidad de anticiparse a la demanda, responder en tiempo real y sostener nuevas capacidades digitales sin perder eficiencia, seguridad ni control. 

Para los CIO, las prioridades se concentrarán en cuatro frentes principales. 

Contar con infraestructura preparada para IA que implica diseñar entornos capaces de procesar, almacenar y disponibilizar grandes volúmenes de datos para alimentar modelos de inteligencia artificial de forma segura, eficiente y escalable. 

La infraestructura deberá pasar de una visión centrada únicamente en la seguridad perimetral hacia capacidades que permitan detectar, responder y recuperarse frente a incidentes en tiempo real. 

Además, optimizar los recursos tecnológicos considerando la sostenibilidad, el impacto energético y aportar a una operación más responsable. 

El CIO tendrá la oportunidad de consolidar su rol como habilitador de valor. Más allá de la gestión de infraestructura, se orientará al diseño de plataformas tecnológicas que impulsen el crecimiento, la retención de clientes y la innovación del negocio. 

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