
La integración de conectividad y seguridad avanza como una estrategia para responder a operaciones distribuidas, servicios en la nube y nuevas amenazas. Líderes de tecnología y seguridad analizaron el papel de SASE, SD-WAN y Zero Trust en la continuidad y resiliencia del negocio.
La expansión de los entornos cloud, el trabajo distribuido, las operaciones remotas y el aumento de las amenazas digitales están obligando a las organizaciones a replantear la forma en que protegen sus datos y garantizan la continuidad de sus servicios.
Líderes de tecnología y seguridad de distintas industrias participaron en el conversatorio “SASE: perspectivas sobre la evolución de la seguridad y la conectividad empresarial”, un espacio organizado por la revista IT ahora para analizar cómo las compañías están avanzando desde infraestructuras tradicionales hacia modelos más integrados, visibles y resilientes.
En esta primera jornada participaron Víctor Párraga, gerente de Tecnología y Seguridad de la Información de Totem; Gonzalo Andrade, líder técnico de PeiGo; Jack Sánchez, CISO de Santa Priscila; y Paúl Castro, representante de la Terminal Aeroportuaria de Guayaquil. El encuentro contó además con la participación de Cirion Technologies, como proveedor especialista en conectividad, infraestructura y seguridad.
La conversación permitió contrastar experiencias de sectores como banca digital, acuacultura, transporte aeroportuario y servicios empresariales. Aunque cada industria enfrenta desafíos diferentes, los participantes coincidieron en una necesidad común: contar con una infraestructura capaz de conectar, proteger y mantener disponibles los servicios críticos, independientemente de dónde se encuentren los usuarios, las aplicaciones o los datos.
SASE: más que una tecnología, una arquitectura estratégica
Uno de los principales consensos del encuentro fue que SASE —Secure Access Service Edge— no debe entenderse como una solución aislada, sino como una arquitectura que integra capacidades de red y seguridad dentro de un mismo ecosistema.
Tradicionalmente, las empresas gestionaban la conectividad y la ciberseguridad mediante plataformas, equipos y responsables separados. SASE propone unir estos dos mundos para ofrecer políticas consistentes, mayor visibilidad y controles centralizados desde el dispositivo del usuario hasta la aplicación a la que accede.
En organizaciones que operan con múltiples sucursales, usuarios remotos, servicios en la nube y aplicaciones distribuidas, el perímetro tradicional de seguridad prácticamente ha desaparecido.
La arquitectura SASE puede integrar capacidades como ZTNA, CASB, firewall como servicio, protección de aplicaciones web, filtrado de tráfico y seguridad para servicios cloud, permitiendo incorporar nuevas capas de protección de forma progresiva, según el nivel de riesgo, madurez y presupuesto de cada organización.
Su valor no radica únicamente en sumar herramientas, sino en lograr que estas funcionen bajo una estrategia común, con políticas homogéneas y una visión centralizada del tráfico, los usuarios, los accesos y las amenazas.
De SD-WAN a SASE: aprovechar la inversión existente
Para muchas compañías, el camino hacia SASE comienza con la implementación de SD-WAN, una tecnología que permite administrar de manera inteligente diferentes enlaces de comunicación y proveedores de internet.
Los participantes destacaron que SD-WAN ha permitido superar varios de los problemas asociados a las redes tradicionales, especialmente en organizaciones con operaciones distribuidas.
Entre sus principales ventajas se encuentran el balanceo de carga, la selección automática de rutas, la priorización de aplicaciones críticas y la capacidad de cambiar el tráfico hacia otro enlace cuando se presenta una falla.
Esta automatización reduce la dependencia de procesos manuales y mejora la continuidad de servicios como videovigilancia, sistemas transaccionales, plataformas operativas, aplicaciones cloud y comunicaciones corporativas.
SD-WAN también permite que las sedes remotas accedan de manera directa y segura a servicios en internet o en la nube, evitando que todo el tráfico tenga que regresar a la oficina matriz. Esto mejora el rendimiento, reduce la latencia y disminuye la presión sobre la infraestructura central.
Sin embargo, la evolución hacia SASE implica incorporar sobre esta base capacidades avanzadas de seguridad, control de acceso, protección de aplicaciones y análisis del tráfico. En otras palabras, SD-WAN optimiza la conectividad; SASE integra esa conectividad con una estrategia de seguridad más amplia.
Casos reales: disponibilidad como prioridad del negocio
Las experiencias compartidas durante el conversatorio evidenciaron que la adopción de estas arquitecturas está directamente relacionada con la continuidad operativa y el impacto económico que puede generar una interrupción.
En Santa Priscila, por ejemplo, la conectividad es fundamental para mantener las operaciones de más de 40 fábricas y camaroneras. La organización utiliza SD-WAN junto con cinco proveedores de comunicación, lo que le permite reducir el riesgo de interrupciones y mantener conectadas instalaciones ubicadas en distintas zonas.
En el sector aeroportuario, la disponibilidad resulta igualmente crítica. La operación requiere mantener activos sistemas de monitoreo, seguridad, videovigilancia y coordinación logística. Para fortalecer la resiliencia, se utilizan varios proveedores de internet y enlaces de datos, administrados mediante una plataforma centralizada.
En el ámbito financiero, la infraestructura debe responder a modelos digitales en los que el usuario espera acceder a sus servicios en cualquier momento. PeiGo opera bajo una estrategia cloud first, utilizando servicios alojados en AWS e integrándose con plataformas centrales para realizar procesos como creación de cuentas, consultas de saldos y transacciones. Para un banco digital, la conectividad y la seguridad son esenciales porque permiten mantener disponibles estos servicios, procesar pagos y transferencias de forma continua e integrar servicios de terceros, como biometría y autenticación, de manera segura y con baja latencia.
Durante el encuentro también se analizaron experiencias regionales de compañías que han reforzado su conectividad y seguridad mediante arquitecturas SASE. Entre ellas se mencionaron aerolíneas que requieren monitorear vuelos y gestionar conexiones satelitales, plataformas de comercio electrónico con operaciones completamente soportadas en la nube y empresas de distribución de combustibles que necesitan garantizar el funcionamiento permanente de sus puntos de venta.
Zero Trust y protección de aplicaciones
Otro de los temas centrales fue la evolución de los mecanismos de acceso remoto.
Las redes privadas virtuales o VPN tradicionales proporcionan, en muchos casos, acceso amplio a la infraestructura corporativa. Frente a este modelo, ZTNA —Zero Trust Network Access— aplica el principio de confianza cero, mediante el cual cada usuario accede únicamente a las aplicaciones y recursos que necesita.
Este enfoque reduce la superficie de ataque y limita el movimiento de posibles amenazas dentro de la red. También facilita la administración de colaboradores, proveedores y terceros que requieren accesos específicos durante períodos determinados.
La protección de aplicaciones web fue otro punto abordado. Muchas amenazas actuales se ocultan dentro de tráfico cifrado, por lo que las organizaciones necesitan contar con herramientas capaces de inspeccionar, analizar y filtrar las solicitudes antes de que lleguen a los sistemas corporativos.
Soluciones como WAF, herramientas de seguridad DNS, plataformas de gestión de accesos privilegiados y controles de identidad forman parte de una estrategia que busca proteger tanto la infraestructura como las aplicaciones y los datos.
La inteligencia artificial amplía el panorama de riesgos
La inteligencia artificial también está modificando la dinámica de la ciberseguridad.
Si bien permite fortalecer la detección de anomalías, automatizar respuestas y analizar grandes volúmenes de información, también está siendo utilizada para crear ataques más sofisticados.
Los participantes mencionaron el crecimiento de amenazas como los deepfakes, la suplantación de identidad y la manipulación de mecanismos biométricos. Estos riesgos resultan especialmente sensibles para sectores financieros, comerciales y de servicios digitales.
La velocidad con la que evolucionan estas amenazas obliga a las organizaciones a revisar permanentemente sus controles, políticas de acceso, mecanismos de autenticación y estrategias de respuesta.
En sectores considerados críticos, esta responsabilidad también está vinculada con el cumplimiento regulatorio, la protección de datos personales y las disposiciones emitidas por organismos de control.
Cómo justificar la inversión
Uno de los mayores desafíos para los responsables de tecnología continúa siendo demostrar el retorno de las inversiones en conectividad y ciberseguridad.
La recomendación de los participantes fue vincular cada iniciativa con los riesgos y resultados del negocio.
Una interrupción de cuatro horas, por ejemplo, puede representar pérdidas cercanas al millón de dólares en empresas con altos volúmenes de transacciones. Este tipo de análisis permite trasladar la discusión desde el costo de la tecnología hacia el impacto financiero de la inactividad.
La inversión también debe evaluarse considerandos variables como disponibilidad, cumplimiento, reputación, experiencia del cliente, productividad y capacidad de recuperación.
Cuando la organización comprende cuánto puede perder por una falla, la resiliencia deja de verse como un gasto y se convierte en una decisión estratégica.
El proveedor como aliado y no solo como operador
La implementación de SASE requiere conocimiento especializado, monitoreo permanente y capacidad de respuesta.
Por esta razón, los participantes recomendaron desarrollar esquemas de administración compartida entre el cliente y el proveedor. Bajo este modelo, la empresa conserva visibilidad y control sobre su infraestructura, mientras que el especialista aporta soporte, experiencia y atención continua.
El proveedor debe contar con capacidades superiores a las del equipo interno en las áreas que administra. Su función no debería limitarse a resolver incidentes, sino también a transferir conocimiento, proponer mejoras y acompañar la evolución tecnológica de la organización.
La confianza se fortalece cuando el proveedor contribuye a que el equipo interno obtenga mejores resultados y pueda demostrar el valor de la tecnología frente al negocio.
También se destacó la importancia de evitar dependencias críticas. Contar con diferentes enlaces, proveedores o mecanismos de respaldo permite reducir el impacto de posibles fallas, considerando que ninguna infraestructura puede garantizar una disponibilidad absoluta.
Una estrategia progresiva y alineada al riesgo
El principal aprendizaje del conversatorio fue que SASE no debe abordarse como una implementación inmediata ni como la adquisición de una plataforma específica.
Su adopción debe partir de un diagnóstico que considere la infraestructura existente, las aplicaciones críticas, la distribución de los usuarios, los riesgos del negocio y la capacidad operativa de la organización.
Para algunas empresas, el primer paso será optimizar su conectividad mediante SD-WAN. Para otras, la prioridad será implementar controles Zero Trust, proteger sus aplicaciones cloud o mejorar la gestión de identidades.
Lo relevante es construir una hoja de ruta progresiva que permita integrar conectividad y seguridad bajo una visión común.
Más que una tendencia tecnológica, representa una nueva forma de entender la red: no solo como el medio que conecta a la organización, sino como una plataforma estratégica que protege sus operaciones, habilita la productividad y sostiene la continuidad del negocio.

































