
Rafael Roldán ha acompañado distintas etapas del desarrollo tecnológico en Ecuador, desde la informática de sus primeros años hasta la creación de espacios para acercar conocimiento y nuevas tecnologías. En ese recorrido, aprender y compartir lo aprendido han marcado su trayectoria.
Trayectoria y liderazgo
- Aprender haciendo
- Apostar por un camino diferente
- Conocer para compartir
- Aprender para después transmitir
Después de más de cuatro décadas vinculadas a la tecnología, Rafael Roldán, ganador de la categoría Líder Transformacional en los Premios Líder IT Ecuador 2025, mira hacia atrás y encuentra experiencias, aprendizajes y proyectos que comenzaron cuando la informática apenas daba sus primeros pasos.
Su trayectoria está ligada a iniciativas que abrieron camino en el sector tecnológico ecuatoriano. Al recordarlas, reconoce entre sus satisfacciones “haber sido pionero en algunas cosas”.
Muchas de ellas implicaron apostar por algo nuevo y tomar decisiones cuando el resultado todavía era incierto. “Tú lo piensas en la cabeza, le das muchas vueltas, pero llega un momento en que tienes que tomar una decisión”, reflexiona.
Su relación con la tecnología comenzó mucho antes de llegar a Ecuador. Tenía alrededor de 16 años finalizando el bachillerato cuando vio 2001: Una odisea del espacio, de Stanley Kubrick. La película despertó su curiosidad por el futuro y por la relación entre las personas y las máquinas.
La idea de una máquina capaz de dominar al ser humano no terminaba de convencerlo. “Yo siempre digo que tiene que haber alguien que sea el que desarrolle y el que le dé instrucciones”, recuerda sobre aquella inquietud que, décadas después, vuelve a encontrar puntos de contacto con las discusiones alrededor de la inteligencia artificial.
Poco después tomó un curso de programación relacionado con RPG de IBM y consiguió su primera oportunidad laboral siendo todavía adolescente. Llegó incluso a preguntarse si necesitaba ir a la universidad cuando ya tenía trabajo.
Su padre pensaba diferente. Le dejó elegir el camino, pero puso una condición: debía cursar una carrera universitaria. Juntos comenzaron a averiguar dónde podía estudiar aquello que le interesaba y escribieron incluso al Ministerio de Educación de España. La respuesta fue que todavía no existía una carrera como tal, pero estaba próxima a abrirse Ingeniería Informática.
Presentó los exámenes de ingreso y entró en la primera promoción de la carrera en la Universidad Politécnica de Madrid.



Aprender haciendo
Estudiar una profesión que apenas comenzaba significaba que muchas respuestas todavía no estaban escritas.
Mientras avanzaba en la universidad empezó también a enseñar informática. Recuerda que, estando en segundo año, dictaba clases a estudiantes de primero. La falta de bibliografía en español lo llevó a traducir materiales que luego terminaron reunidos en un libro utilizado durante cerca de 20 años.
También comenzó temprano a trabajar con empresas. Junto con compañeros creó una pequeña firma dedicada a analizar necesidades tecnológicas y determinar si se justificaba invertir en computadores que entonces representaban grandes inversiones y podían ocupar habitaciones completas.
Las ferias tecnológicas abrieron otro espacio de aprendizaje. Roldán recuerda con gratitud a Luis Alberto Petit Herrera, uno de sus mentores, de quien conserva una enseñanza que llevó a la práctica durante años: “Hacer ferias no se aprende en la universidad. Se aprende yendo a las ferias”.
Observar cómo otros hacían las cosas y aprender de quienes tenían más experiencia fue también parte de su aprendizaje.
Apostar por un camino diferente
Roldán llegó inicialmente a Ecuador como visitante. En Quito, mientras recorría la ciudad, vio un banco y decidió entrar. Preguntó por el responsable de Informática y consiguió conversar con Hernán Romero, quien le recomendó contactar con Mario Hidalgo, de la empresa Decisión, y con Antonio Acosta, de Banco Pichincha, profesional de informática graduado en México.
Esos primeros encuentros le permitieron ampliar rápidamente su red de contactos y acercarse a un sector tecnológico que en Ecuador apenas empezaba a tomar forma.
En 1979, Antonio Acosta lo invitó a asistir al Congreso Latinoamericano de Automatización Bancaria (CLAB). La experiencia y las oportunidades que empezaba a identificar en el país influyeron en una decisión que marcaría su trayectoria: quedarse en Ecuador y crear Ecuasistem.
La decisión implicaba dejar atrás la estabilidad que tenía en España. Allí contaba con trabajo y un camino profesional en marcha; en Ecuador, en cambio, encontraba un espacio todavía en construcción, pero con posibilidades de crecimiento.
“Dejo esto que ya tengo seguro y me voy a esto que puede ser mejor”, resume Roldán al recordar aquella decisión.
Otra de sus apuestas fue impulsar una revista especializada en computación. Preparó en Madrid el primer número e imprimió alrededor de mil ejemplares para traerlos a Ecuador. Sin embargo, apenas llegó al país enfrentó un primer inconveniente: las revistas quedaron retenidas en Aduana.
Con ayuda de personas que había conocido recientemente consiguió liberarlas y llevarlas a un encuentro de informática. Allí estableció relaciones con profesionales de distintos países de América Latina.
La publicación se convertiría posteriormente en una ventana para conocer los avances de la informática fuera de Ecuador y acercarlos a un mercado local que comenzaba a desarrollarse.
Conocer para compartir

Roldán entendía la revista como una especie de observatorio tecnológico. Había que mantenerse cerca de las novedades, entenderlas y llevarlas a quienes estaban construyendo el sector.
“Lo que pasaba en esa semana, antes de final del mes tenía que contarlo”, recuerda.
En una época anterior a Internet, aquello significaba viajar, asistir a encuentros internacionales y conversar directamente con la industria. Esas actividades le permitieron coincidir con figuras como Bill Gates y Steve Jobs, kevin mitnick y conocer de cerca a ejecutivos de las principales compañías tecnológicas.
“El compromiso nuestro era: todo lo que aprendíamos en esos tres o cuatro días, transmitirlo”, señala.
Esa misma idea estuvo detrás de Compu, la feria de computación que comenzó a realizar en Ecuador en 1982, junto con un Congreso de Informática. En su primera edición participaron 19 empresas, según recuerda Roldán, en un momento en que la industria local empezaba a incorporar tecnologías que aparecían en otros mercados.
La Compu se convirtió en una vitrina de esos cambios. Roldán recuerda la llegada de los primeros computadores personales y la presentación de soluciones que había conocido en encuentros internacionales. Estos espacios buscaban, además, acercar dos ámbitos que consideraba importantes para el desarrollo tecnológico: la empresa y la academia. “Esa unión entre la empresa y la universidad es fundamental”, sostiene.
Con el tiempo, La Compu amplió también su vinculación internacional al formar parte de la Asociación Internacional de Ferias de América (AFIDA). Esta participación le permitió relacionarse con organizaciones y profesionales vinculados a ferias y encuentros de distintos países, fortaleciendo la conexión de Ecuador con espacios internacionales relacionados con tecnología y negocios.
Aprender para después transmitir
Roldán distingue dos etapas en su trayectoria profesional. La primera, dice, consiste en acercarse a personas de las que se pueda “aprender, aprender, aprender”. La segunda llega cuando la experiencia acumulada permite asumir otro papel: “Ahora tienes que transmitir a la nueva generación”.
Él mismo recorrió ese camino. Dentro de las organizaciones internacionales de ferias comenzó como asistente y, con los años, asumió distintas responsabilidades hasta llegar a la presidencia. Su trayectoria en este ámbito también lo llevó a participar profesionalmente en la preparación de la Exposición Universal de Sevilla, Expo ’92, uno de los grandes encuentros internacionales realizados en España.
Durante el tiempo que permaneció fuera, los proyectos que había construido en Ecuador continuaron operando con los equipos que había formado. Esa experiencia reforzó una idea sobre liderazgo que conserva hasta hoy: “Es realmente sostener relaciones humanas, aprender y transmitir. Y armar equipos”.
Para Roldán, formar un equipo también significa conseguir que pueda funcionar cuando quien lo dirige no está presente.
Después de décadas de relacionarse con empresarios y profesionales dentro y fuera del país, Roldán también ha construido su propia mirada sobre lo que significa dejar huella. Reconoce el valor de quienes fortalecen sus organizaciones y alcanzan resultados, pero encuentra una diferencia en aquellos que, además, comparten lo que saben.
Para él, está en “cuánto transmites a las nuevas generaciones”.
Lo explica de manera sencilla: que alguien pueda decir “fue profesor mío”, “con él trabajé” o recordar una experiencia compartida. En aquello que permanece en otras personas encuentra otra forma de valorar una trayectoria profesional.
Roldán comenzó su vida profesional buscando respuestas sobre una disciplina que apenas nacía. Aprendió de profesores, colegas y mentores; después construyó proyectos, equipos y espacios para compartir lo aprendido. Hoy continúa haciéndolo desde otros ámbitos, como presidente honorario de la Cámara de Comercio Española Ecuatoriana y presidente ejecutivo del Centro de Convenciones Bicentenario.





























