
Líderes de tecnología y seguridad analizaron cómo SASE integra conectividad y protección para responder a entornos distribuidos y fortalecer la continuidad del negocio.
La evolución de SD-WAN hacia SASE está llevando a las empresas a replantear la forma en que conectan usuarios, aplicaciones y datos. En un nuevo conversatorio organizado por IT ahora junto a Cirion Technologies, líderes de tecnología y seguridad analizaron cómo avanzar hacia una arquitectura que combine conectividad, acceso y protección en entornos cada vez más híbridos.
En el encuentro participaron Cristhian Navarro, coordinador de TI y Seguridad de la Información de Rocalvi; José Muzo, jefe de Infraestructura IT y Seguridad Informática de TEVCOL; Brian Bedón, gerente de Sistemas de Torres & Torres; Vicente Chalacán, jefe de Tecnología de Comisariato del Constructor; Klever Cruz, jefe de Sistemas de Electroleg; Xavier Yela Villamil, gerente de Tecnología de Grupo Vepamil; Juan Carlos Reyes, jefe de Sistemas de Carmita Products; Christian Cedillo, gerente de Tecnología de Unicomer; y Juan Fierro, analista de Seguridad Lógica de Unicomer, además de representantes de Cirion Technologies.
La conversación partió de una realidad común: el perímetro tecnológico ya no está concentrado en la oficina o el centro de datos. Las organizaciones combinan bases locales con ERP y aplicaciones en la nube, Microsoft 365, dispositivos IoT, usuarios móviles y servicios distribuidos entre diferentes proveedores. Esa dispersión amplía la superficie de exposición y obliga a revisar los modelos tradicionales de seguridad.
SD-WAN como punto de partida
Los participantes analizaron cómo SD-WAN ha permitido mejorar la administración de enlaces, priorizar aplicaciones críticas y aprovechar mejor el ancho de banda. En algunos entornos, incluso permite trabajar bajo esquemas activo-activo para utilizar simultáneamente varios enlaces y aumentar la disponibilidad.
SASE toma esa base y agrega un componente esencial: la seguridad deja de operar como una capa separada y pasa a integrarse con la conectividad.
El objetivo es controlar cómo se conecta cada usuario, desde dónde accede, qué aplicaciones puede utilizar y qué información puede consultar o transferir. De esta forma, la protección acompaña al usuario y al dato, independientemente de si se encuentran dentro o fuera de la red corporativa.
Menos exposición y mayor control sobre los accesos
Uno de los conceptos abordados fue ZTNA, Zero Trust Network Access, que permite reemplazar progresivamente la lógica de las VPN tradicionales. En lugar de abrir un acceso amplio a la red, ZTNA habilita únicamente las aplicaciones que cada usuario necesita, aplicando controles de identidad y privilegios.
A esta arquitectura se suman herramientas como CASB, que ayuda a controlar el uso de aplicaciones y servicios cloud; Secure Web Gateway, orientado a proteger la navegación; y DLP, enfocado en evitar fugas de información.
El cambio de enfoque es importante: ya no se trata únicamente de proteger una infraestructura física, sino de asegurar la identidad, la aplicación y el dato durante todo el recorrido.
El dato se convierte en el activo central
La protección de información fue uno de los temas que generó mayor discusión. Los asistentes señalaron que una fuga no siempre proviene de un atacante externo. Los propios usuarios pueden convertirse, voluntaria o accidentalmente, en un punto de exposición.
Una estrategia DLP permite aplicar controles sobre información en tres momentos: cuando está almacenada, cuando circula por correo o redes y cuando está siendo utilizada.
Por ejemplo, una política puede identificar información confidencial e impedir automáticamente que una base de clientes, un archivo financiero o un documento sensible sea enviado a un correo externo sin autorización.
También se analizó la importancia de la encriptación en endpoints y de mantener soberanía sobre los datos, incluso cuando parte de la infraestructura está administrada por terceros.
La conversación incluyó además amenazas emergentes como “Store Now, Decrypt Later”, una práctica mediante la cual un atacante puede capturar hoy información cifrada para intentar descifrarla en el futuro, cuando nuevas capacidades de cómputo —incluida la computación cuántica— hagan posible romper determinados mecanismos de protección.
El ransomware obliga a proteger el borde
Otro de los puntos analizados fue la necesidad de evitar que un incidente localizado pueda propagarse por toda la red corporativa.
En este contexto, una arquitectura SASE permite aplicar controles en el borde y segmentar accesos, reduciendo la posibilidad de que un ransomware encuentre un camino abierto entre usuarios, aplicaciones y diferentes entornos tecnológicos.
La lógica de “confiar porque el usuario está dentro de la red” pierde vigencia. El acceso debe validarse permanentemente en función de identidad, dispositivo, ubicación, aplicación y nivel de riesgo.
Este enfoque adquiere mayor relevancia a medida que los empleados trabajan desde diferentes lugares y las organizaciones incorporan socios, proveedores y aliados que también necesitan acceder a determinados sistemas.
De la discusión técnica al lenguaje financiero
Uno de los desafíos compartidos por los líderes fue cómo justificar este tipo de inversiones frente a la alta dirección.
Los proyectos de infraestructura y ciberseguridad todavía suelen ser percibidos como costos operativos. Por ello, los participantes coincidieron en que el responsable de tecnología debe cambiar la forma de presentar la iniciativa.
Más que explicar las características técnicas de una solución, debe responder preguntas de negocio: ¿cuánto cuesta una hora de indisponibilidad?, ¿qué impacto tendría detener la facturación?, ¿cuánto podría representar una fuga de información?, ¿qué consecuencias tendría perder acceso a un ERP o sistema crítico?
Traducir el riesgo tecnológico a impacto económico permite que la discusión salga del terreno exclusivamente técnico.
La implementación por etapas también fue señalada como una alternativa para reducir el impacto financiero inicial. En lugar de desplegar todos los componentes de SASE al mismo tiempo, la organización puede priorizar los riesgos más críticos, demostrar resultados y avanzar progresivamente.
En este proceso, el CIO o responsable de tecnología asume también un papel de “vendedor interno”, capaz de conectar la inversión tecnológica con productividad, continuidad y reducción de riesgos.
Infraestructura como servicio y menor obsolescencia
Durante el conversatorio se abordó además el crecimiento de modelos SaaS e infraestructura como servicio.
Delegar parte de la operación a un proveedor puede disminuir la necesidad de adquirir y renovar hardware constantemente, además de trasladar determinadas responsabilidades de mantenimiento y actualización tecnológica.
Sin embargo, los participantes señalaron que esta decisión no elimina la responsabilidad sobre el dato. Incluso cuando la infraestructura está tercerizada, la organización debe saber dónde reside su información, quién accede a ella y qué controles existen para protegerla.
Experiencias que aterrizan SASE al negocio
La conversación incluyó experiencias de organizaciones con infraestructuras distribuidas y diferentes grados de adopción de SD-WAN.
Entre los casos mencionados estuvo la operación de Fruta del Norte, en Loja, que utiliza una arquitectura con tres enlaces de comunicaciones, uno de ellos provisto por Cirion Technologies.
También se analizaron organizaciones que mantienen infraestructura en diferentes países y procesos de migración desde plataformas legadas como COBOL y AS/400 hacia centros de datos y ambientes cloud.
En sectores como banano y camarón, la discusión mostró cómo la conectividad deja de ser únicamente un componente tecnológico y se relaciona directamente con productividad, disponibilidad de información y costos operativos.
Regulación y nuevas exigencias
El marco regulatorio suma presión a esta evolución. Las obligaciones relacionadas con protección de datos personales y ciberseguridad exigen que las organizaciones tengan mayor trazabilidad sobre la información, controles de acceso y capacidad para responder ante incidentes.
Para empresas que mantienen relaciones comerciales con mercados internacionales, las exigencias pueden ser incluso mayores. Clientes y socios de Europa, por ejemplo, empiezan a requerir evidencias de cumplimiento de determinados estándares y controles de seguridad.
Esto convierte a la ciberseguridad en un factor que puede influir no solo en continuidad operativa, sino también en la posibilidad de mantener o desarrollar nuevos negocios.
SASE debe responder a la realidad de cada empresa
El principal consenso del encuentro fue evitar que SASE se convierta en una compra tecnológica antes de comprender el problema.
Cada organización tiene una arquitectura, aplicaciones, flujos de información y riesgos distintos. Por ello, el primer paso debería ser identificar qué sistemas son críticos, dónde están los datos, quién accede a ellos y qué impacto tendría su pérdida o indisponibilidad.
A partir de ese mapa es posible determinar qué componentes incorporar y en qué orden.
SASE no representa únicamente una evolución de las redes. Es un cambio en la manera de pensar la seguridad en un negocio distribuido, donde las personas, aplicaciones y datos ya no permanecen dentro de un perímetro definido.
La tecnología puede habilitar esa transición, pero la estrategia comienza por entender qué necesita proteger el negocio y por qué.


































