
Por Cristian Tello, Arquitecto preventa, ONDÚ
La modernización de aplicaciones puede mejorar la agilidad, reducir los tiempos de despliegue y aprovechar mejor los recursos. También puede aportar escalabilidad, disponibilidad, visibilidad operativa y capacidad de recuperación. Los resultados dependen del estado inicial de las aplicaciones, el alcance definido y la gestión del proyecto.
Entre las dificultades habituales están las aplicaciones heredadas con poca documentación, las dependencias que no han sido identificadas, las bases de datos complejas, las ventanas limitadas para realizar cambios, los costos de licenciamiento y la compatibilidad tecnológica. El proceso también requiere desarrollar capacidades en los equipos y adaptar sus formas de trabajo.
La experiencia de ONDÚ muestra la conveniencia de avanzar por etapas, realizar pruebas antes de intervenir servicios críticos y medir los resultados. Los tiempos de despliegue, la disponibilidad, los costos y la recuperación permiten conocer cómo avanza el proyecto.
Una estrategia multicloud amplía las alternativas para ubicar cada carga en el entorno que mejor responda a sus características. Modernizar puede comprender la optimización de sistemas existentes, la actualización de componentes o cambios en su arquitectura. Según las necesidades de rendimiento, seguridad, costos y disponibilidad, una aplicación puede operar en infraestructura propia, nube privada, nube pública o un modelo híbrido.
Cada carga exige un entorno
La decisión sobre dónde operará una aplicación parte de su importancia para el negocio. La criticidad, la sensibilidad de los datos, los requisitos regulatorios, el rendimiento, las dependencias tecnológicas y el costo total de operación permiten comparar las alternativas disponibles.
Una aplicación que procesa información sensible o mantiene dependencias heredadas puede permanecer en infraestructura propia o en una nube privada. Una aplicación digital cuya demanda cambia durante determinados períodos puede utilizar la capacidad de escalamiento de la nube pública.
La evaluación económica debe incluir los costos de migración, licencias, consumo, conectividad y administración. Esta revisión permite conocer las condiciones de operación de cada carga y seleccionar el entorno según el valor para el negocio y el riesgo asumido.
La estrategia multicloud debe traducirse en resultados como por ejemplo: mayor agilidad para lanzar servicios, optimización de costos operativos, capacidad para acompañar el crecimiento y mayor disponibilidad de las aplicaciones críticas.
El CIO necesita relacionar estos objetivos con las características técnicas y operativas de las cargas. El modelo de gobierno debe permitir controlar costos, rendimiento, seguridad y cumplimiento en los diferentes entornos.
La distribución de aplicaciones entre varias plataformas aporta flexibilidad cuando cada entorno cumple una función definida. La infraestructura propia, la nube privada y la nube pública pueden coexistir dentro de una misma estrategia, de acuerdo con las necesidades de cada aplicación.
Multicloud requiere controles comunes
Las aplicaciones que operan en diferentes entornos necesitan configuraciones y prácticas consistentes. Según el caso, pueden requerir integración mediante APIs, contenedores, automatización de despliegues e infraestructura como código.
La infraestructura como código y las prácticas de integración y despliegue continuo ayudan a mantener configuraciones consistentes, reducir errores y acelerar las entregas. Su aplicación debe facilitar el mantenimiento, el escalamiento, la integración y la recuperación sin incorporar complejidad innecesaria.
Los controles de identidad y acceso, la autenticación robusta, la protección de datos, la segmentación, la gestión de vulnerabilidades y el monitoreo continuo deben aplicarse en los distintos entornos donde se ejecutan las cargas.
La observabilidad permite conocer el comportamiento de las aplicaciones y detectar problemas. Para lograrlo, se deben correlacionar métricas, registros y trazas, utilizando herramientas y estándares comunes cuando sea posible. Esta información permite entender el impacto de una incidencia sobre el usuario.
Una aplicación puede cambiar sus necesidades conforme aumenta su uso o se incorporan nuevos servicios. La operación debe incluir monitoreo, gestión de costos, evaluación del desempeño y optimización continua.
La recuperación sostiene la continuidad
Las dependencias críticas deben estar identificadas y los procedimientos de recuperación ante desastres necesitan probarse periódicamente. También pueden automatizarse las alertas y los procedimientos de respuesta para reducir los tiempos de atención.
La resiliencia comprende la capacidad de recuperar los servicios y mantener el soporte a la operación del negocio. Disponer de infraestructura redundante aporta capacidad, pero la organización también debe comprobar que puede restablecer las aplicaciones y la información dentro de los tiempos definidos.
Los mecanismos de respaldo, recuperación ante desastres y monitoreo ayudan a reducir el impacto de las interrupciones. Su alcance depende de la criticidad de las aplicaciones y de los objetivos establecidos para cada servicio.

Desde ONDÚ, el acompañamiento comienza con la evaluación de la infraestructura y las aplicaciones para determinar qué cargas conviene mantener en entornos propios y cuáles pueden utilizar nube privada, nube pública o una arquitectura multicloud.
El portafolio incluye nube privada, infraestructura como servicio y acompañamiento para diseñar e implementar arquitecturas híbridas y multicloud. También comprende iniciativas de migración y evolución de entornos virtualizados, aplicaciones empresariales, bases de datos y tecnologías de contenedores, según los requerimientos del proyecto.
La seguridad se incorpora mediante servicios de SOC y monitoreo, seguridad de aplicaciones web y capacidades para fortalecer la protección de los entornos tecnológicos. Los servicios de respaldo y recuperación ante desastres, como BaaS y DRaaS, permiten proteger la información, definir objetivos de recuperación y preparar una respuesta frente a interrupciones operativas.
El acompañamiento continúa durante la operación con monitoreo, gestión de servicios, seguimiento de costos, evaluación del rendimiento y mejora continua. La integración de infraestructura, modernización, seguridad y continuidad permite operar las aplicaciones en el entorno adecuado y mantener control sobre los riesgos, los costos y la disponibilidad.




































