
Joffre Fabre, líder de Transformación Digital de Holding Nobis, comparte los aprendizajes que marcaron su forma de dirigir equipos, enfrentar desafíos y valorar el tiempo con su familia.
Trayectoria y liderazgo
- Más allá de implementar tecnología
- La confianza mueve a los equipos
- La curiosidad permanece
- El valor del tiempo y la familia
- Aspiraciones y sueños cumplidos
Cuando Joffre Fabre salió de Ecuador rumbo a Panamá para asumir un reto como consultor internacional y gerente de proyectos en el sector bancario, pensó que se trataba de una oportunidad puntual. La decisión terminó abriendo una etapa de más de doce años de trabajo y viajes por distintos países de Centroamérica y Sudamérica.
También hubo aprendizajes que llegaron desde situaciones complejas. Trabajar en Venezuela durante períodos de incertidumbre económica y social lo obligó a desenvolverse en condiciones que podían cambiar rápidamente. Mantener la calma, ser flexible y encontrar alternativas se volvió parte del trabajo. Con los años, esas experiencias terminaron influyendo en la forma en que enfrenta los procesos de transformación.
Después de más de tres décadas de carrera y como gerente de Transformación Digital del Holding Nobis, Fabre mira la tecnología desde una perspectiva distinta a la de sus primeros años. “He comprobado que incluso la mejor solución puede fracasar si las personas no comprenden el propósito del cambio”.
Para Fabre, una transformación exige que los equipos adopten nuevas formas de trabajar mientras la organización mantiene su operación y sus resultados. “La tecnología es el habilitador, pero la confianza, la cultura y el liderazgo son los verdaderos aceleradores”.
Más allá de implementar tecnología
En su gestión diaria, dedica tanto tiempo a temas de estrategia, cultura y gestión del cambio como al análisis técnico. La instalación de una plataforma dejó de ser, por sí misma, una medida de éxito. Lo que importa es aquello que ocurre después. “Los proyectos más exigentes requieren claridad de propósito, serenidad y cercanía con las personas”, señala.
Esa forma de entender la transformación también se relaciona con otro cambio importante. Durante una etapa de su carrera, estuvo involucrado en procesos de mejora continua, infraestructura, sistemas y plataformas empresariales. Progresivamente comenzó a participar en decisiones estratégicas y las preguntas empezaron a ser otras: qué problema se está resolviendo, qué experiencia se quiere mejorar, qué riesgo se busca reducir y qué valor espera generar la organización.
“Dejé de ver la tecnología como un fin y comencé a entenderla como un vehículo para generar crecimiento, eficiencia, innovación y ventaja competitiva”.
La confianza mueve a los equipos

Parte de su manera de dirigir se construyó a partir de lo aprendido de otros líderes. Una enseñanza permanece especialmente presente: “La autoridad puede abrir una puerta, pero la confianza es lo que realmente moviliza a las personas”.
Fabre define su estilo como cercano, colaborativo y adaptable. Busca que los equipos comprendan el propósito de su trabajo y participen en las decisiones que les corresponden. Antes de plantear una solución, procura escuchar, entender la cultura y reconocer las capacidades que ya existen.
Una parte importante de sus aprendizajes también llegó desde sus propios colaboradores. Profesionales de distintos sectores, generaciones y especialidades lo llevaron a cuestionar supuestos y a mantener la disposición para aprender independientemente del cargo o los años de experiencia. “En tecnología, nadie puede pretender saberlo todo; el conocimiento se construye en equipo”, dice.
La autonomía es parte de esa visión. Ver a una persona asumir responsabilidades, fortalecer su criterio y alcanzar resultados que antes parecían difíciles es una de las satisfacciones que encuentra en su rol. “Cuando un equipo crece, gana autonomía y consigue resultados que parecían difíciles, siento que el liderazgo ha cumplido su propósito”.
La curiosidad permanece

La inquietud por entender cómo funcionan las cosas apareció mucho antes de que construyera una carrera alrededor de la tecnología. Desde joven le atraía la posibilidad de convertir una idea en una solución concreta. Encontró en este campo una combinación que lo acompañaría durante las siguientes décadas: aprendizaje permanente, resolución de problemas y capacidad de generar impacto. “Detrás de cada proyecto tecnológico había una necesidad humana, un problema de negocio o una oportunidad para hacer mejor las cosas. Esa conexión fue la que terminó definiendo mi carrera”, comenta.
Después de más de treinta años, la curiosidad continúa siendo uno de los principios que procura mantener. Sigue estudiando inteligencia artificial, liderazgo, innovación y transformación empresarial “con el mismo interés de mis primeros años”.
La experiencia le ha recordado que siempre existe algo nuevo por aprender y que una buena idea puede surgir desde cualquier nivel de una organización. Los años acumulados, por tanto, no eliminan la necesidad de seguir siendo aprendiz.
Entre sus lecturas recientes destaca Cointeligencia: Vivir y trabajar con IA, de Ethan Mollick. Valora su enfoque práctico y humano, que propone relacionarse con la inteligencia artificial como una herramienta de colaboración capaz de ampliar las capacidades de las personas.
Joffre Fabre considera que utilizarla requiere experimentar y aprender, pero también verificar resultados y mantener la responsabilidad humana sobre las decisiones. “El futuro no debería plantearse como una competencia entre personas y tecnología, sino como una colaboración entre ambas”.
Para él, las organizaciones que logren integrar el talento humano con estas nuevas capacidades podrán innovar con mayor velocidad y modificar sus formas de trabajo. La tecnología cambia; el criterio con el que las personas deciden utilizarla sigue marcando la diferencia.
El valor del tiempo y la familia

La decisión de salir de Ecuador transformó la carrera de Fabre, pero su impacto fue más allá de lo profesional.
Durante más de doce años, los viajes fueron una constante. Conoció otros países, trabajó con equipos diversos y asumió proyectos exigentes. Al mismo tiempo, pasó períodos prolongados lejos de su familia.
“Los viajes constantes significaban pasar períodos prolongados lejos de mi familia y perderme momentos que no se recuperan, aunque siempre traté de no faltar a ninguno”.
Con el tiempo empezó a mirar de otra manera la relación entre crecimiento profesional y vida personal. Aquellos años le dieron oportunidades, conocimientos y una perspectiva internacional, pero también le enseñaron que algunos logros tienen un costo si no se cuidan otros espacios.
“Aprendí que el éxito profesional pierde parte de su sentido si descuidamos la salud o las relaciones que realmente importan”.
Hoy procura ser más intencional con su tiempo. Busca espacios para compartir con su familia, mantener hábitos saludables y desconectarse de la dinámica diaria. Va al gimnasio, realiza caminatas y disfruta jugar voleibol. El ejercicio se convirtió en una prioridad vinculada con su salud física, su energía, concentración y bienestar emocional.
Viajar continúa entre sus principales aficiones, aunque ahora también disfruta hacerlo por placer. Le interesa conocer culturas, conversar con personas y observar cómo se vive, se trabaja y se hacen negocios en otros lugares. Después de tantos años moviéndose por razones profesionales, viajar mantiene viva una curiosidad que ha estado presente en distintas etapas de su vida.
No considera que haya encontrado una fórmula perfecta para equilibrarlo todo. Los procesos de transformación siguen siendo exigentes. La diferencia está en la importancia que ahora concede al cuidado personal.
“He entendido que cuidarse no es un lujo ni una actividad secundaria. Es una condición necesaria para liderar de manera sostenible, tomar mejores decisiones y aportar valor a largo plazo”.
Aspiraciones y sueños cumplidos

De niño, Joffre Fabre sentía curiosidad por comprender cómo funcionaban las cosas y resolver problemas. No recuerda haber soñado con un cargo específico; quería conocer otros lugares y construir una vida profesional. Al mirar atrás, reconoce con gratitud cuánto ha recorrido. “He trabajado en distintos países y sectores, he dirigido iniciativas complejas y he tenido la oportunidad de aprender de personas extraordinarias”.
Muchos de sus sueños se han cumplido y tiene nuevas aspiraciones. Hoy busca convertirse en un referente regional en transformación digital, liderazgo tecnológico e innovación empresarial. “Quiero compartir lo aprendido y contribuir a que nuevas generaciones comprendan la tecnología desde una perspectiva estratégica y humana”.
En lo personal, también tiene propósitos pendientes. “Todavía me falta seguir construyendo ese legado, cuidar cada vez más mi bienestar y mantener el equilibrio con mi familia”, reconoce.
Fabre mira el camino recorrido con gratitud y mantiene el interés por seguir aprendiendo, compartir su experiencia y disfrutar de su vida personal. Una perspectiva que resume en una reflexión: “Creo que los sueños no se terminan; cambian con nosotros y nos dan nuevas razones para continuar avanzando”.

































