
Por Oscar Sánchez, CEO de ONDÚ
Innovar implica asumir riesgos, pero también desarrollar capacidades para responder ante ellos. La estrategia de ciberresiliencia integra tecnología, procesos y gestión del riesgo para proteger la operación, acelerar la recuperación y avanzar en la transformación digital con mayor confianza.
Ejes de análisis
- Creatividad para innovar con los recursos disponibles
- De la resiliencia a la continuidad del negocio
- Construir capacidades antes del incidente
Innovar requiere creatividad y resiliencia. La creatividad es una habilidad que puede desarrollarse y permite encontrar nuevas formas de resolver problemas; la resiliencia aporta la capacidad de recuperarse cuando las cosas no salen como se esperaba. En los procesos de transformación, donde probar, equivocarse y aprender forman parte del camino, ambas son necesarias para seguir avanzando. La tecnología, en este recorrido, es como un vehículo para alcanzar los objetivos de transformación del negocio, no como un fin en sí misma. A ellas se suma la gestión del cambio, necesaria para que los equipos adopten las iniciativas y comprendan el valor que generan.
Creatividad para innovar con los recursos disponibles
El presupuesto es uno de los principales desafíos para las organizaciones en Ecuador al momento de equilibrar transformación, innovación y continuidad. Las restricciones obligan a priorizar y buscar alternativas que permitan obtener mejores resultados con los recursos disponibles.
La creatividad permite precisamente salir de las soluciones convencionales y encontrar opciones que aporten mayor valor al negocio, sin perder de vista la disponibilidad y la resiliencia de las operaciones
El presupuesto, sin embargo, no es la única barrera. El cambio de mentalidad continúa siendo un desafío dentro de las organizaciones. Aunque durante los últimos años ha aumentado la conciencia sobre la necesidad de contar con estrategias de resiliencia, todavía existen empresas que mantienen niveles elevados de exposición y reconocen la dimensión del riesgo después de experimentar un incidente con impacto en el negocio.
A esto se suma la disponibilidad de talento. El mercado requiere profesionales con conocimientos técnicos, pero también con habilidades para trabajar y liderar equipos, relacionarse con otras áreas y asumir una posición más estratégica frente al negocio.
De la resiliencia a la continuidad del negocio

Aunque el término ciberresiliencia ha ganado presencia en los últimos años, su principio no es nuevo. Las organizaciones han necesitado históricamente proteger información,
mantener disponibles sus sistemas y contar con mecanismos de recuperación frente a una interrupción. La diferencia está en el nivel de dependencia que actualmente tiene el negocio de sus servicios digitales.
Esta disponibilidad también forma parte de la experiencia del cliente. Los usuarios esperan acceder a servicios y aplicaciones de manera permanente, por lo que mantenerlos operativos se convierte en una condición para cumplir los objetivos de transformación y sostener la relación con el negocio
Una estrategia madura de ciberresiliencia busca que, frente a un incidente de infraestructura, ciberseguridad o incluso un error humano, la organización pueda continuar operando o recuperar sus servicios rápidamente. Tecnología y las áreas responsables de transformación tienen, por tanto, un punto de encuentro: diseñar capacidades que permitan avanzar en la digitalización sin comprometer la continuidad.
La ciberresiliencia funciona como un habilitador de la innovación porque permite avanzar con una mayor capacidad para gestionar el riesgo. Su propósito es garantizar que, frente a un incidente tecnológico, la organización pueda responder, recuperarse y mantener la continuidad de sus operaciones. Las capacidades necesarias dependerán del tipo de negocio, sus operaciones, nivel de exposición y recursos disponibles.
Una empresa de retail, por ejemplo, necesita estar preparada para soportar temporadas de alta demanda y disponer de un plan de contingencia en caso de que su infraestructura principal falle. Una interrupción durante un período comercial crítico puede trasladarse directamente a los resultados del negocio.
Construir capacidades antes del incidente

Alta disponibilidad, respaldos dentro y fuera del sitio, planes de continuidad, recuperación ante desastres, sitios alternos, monitoreo permanente y observabilidad de aplicaciones críticas forman parte de las capacidades que pueden incorporarse de acuerdo con las necesidades de cada organización.
A estas capacidades se suma una respuesta cada vez más automatizada frente a las amenazas. El uso de inteligencia artificial por parte del cibercrimen hace que los tiempos de detección y respuesta sean críticos y demanda herramientas capaces de actuar con mayor rapidez ante un ataque.
Las necesidades también cambian según el nivel de madurez. Las organizaciones más avanzadas están pasando de modelos tradicionales de SOC, enfocados principalmente en monitorear alertas, hacia esquemas capaces de gestionar el ciberriesgo de manera más objetiva, automatizar respuestas y reducir falsos positivos. A esto se suman herramientas que permiten valorar la exposición y dimensionar cuánto representa el ciberriesgo para el negocio.
ONDÚ trabaja con un modelo de resiliencia como servicio, que integra protección, detección temprana y respuesta con capacidades para mantener la continuidad del negocio mediante Disaster Recovery as a Service. La propuesta incorpora un SOC de nueva generación, con automatización de incidentes y exposure management para evaluar continuamente la postura de ciberriesgo mediante indicadores y KPI sobre el nivel de exposición.
Este esquema se complementa con servicios de nube privada, monitoreo y prevención, además de capacidades de Disaster Recovery para organizaciones con requerimientos de RTO inferiores a un minuto, respaldadas por infraestructura, procesos y sitios alternos.
Para las empresas que comienzan a desarrollar una estrategia de ciberresiliencia, el punto de partida es realizar una evaluación objetiva de su madurez y exposición al ciberriesgo, utilizando un marco reconocido como NIST. El diagnóstico permite identificar las principales debilidades y priorizar controles y acciones que generen mejoras en el corto plazo, para posteriormente establecer un plan de remediación y mejora continua de mediano y largo plazo.
La innovación requiere la capacidad de avanzar, proteger las operaciones y recuperarse con rapidez frente a un incidente. La ciberresiliencia permite que innovación y continuidad formen parte de una misma estrategia de transformación.

































