
La firma global de consultoría estratégica McKinsey & Company presentó su informe anual Global Energy Perspective, el cual analiza las grandes tendencias macroeconómicas, tecnológicas y geopolíticas que están impulsando la evolución del sistema energético mundial hacia el año 2050.
El estudio resalta que el mundo vive una etapa de “Expansión Energética”, impulsada por un sólido crecimiento del 2,7% en la demanda global. Para asegurar un suministro confiable y continuo a la economía mundial, el mercado está aumentando activamente la capacidad de todas las tecnologías disponibles (energías limpias, gas natural, petróleo y carbón), fortaleciendo la seguridad energética y la competitividad.
Oportunidades de inversión en infraestructura y aceleración digital
El avance exponencial de la inteligencia artificial y el supercómputo está catalizando el desarrollo tecnológico. En los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la demanda de los centros de datos crece a un ritmo superior al 20% anual, consolidándose como un motor de innovación y desarrollo de infraestructura.
Esta mayor necesidad de energía limpia estimula una histórica ola de modernización en las redes eléctricas (The Grid). Dado que la energía solar y eólica han alcanzado los costos de generación más competitivos del mercado (LCOE), la atención estratégica se desplaza hacia la ampliación de la capacidad de transmisión, distribución y almacenamiento. El informe proyecta que la inversión global en redes se duplicará hacia 2050, pasando de aproximadamente US$ 440 mil millones a cerca de US$ 970 mil millones anuales, abriendo amplias oportunidades para la inversión pública y privada.
Garantía de suministro, competitividad y resurgimiento de la base limpia
El análisis de McKinsey destaca la importancia de mantener un portafolio energético equilibrado para respaldar el progreso económico:
- Estabilidad y transición ordenada: El gas natural se consolida como un pilar fundamental de respaldo para mantener la firmeza y confiabilidad de los sistemas eléctricos, mientras que la demanda de petróleo alcanzará una meseta hacia finales de esta década e inicios de la de 2030, asegurando una transición gradual.
- Impulso a la energía nuclear: La búsqueda de energía continua con cero emisiones ha reactivado el interés corporativo e institucional por la generación nuclear, impulsando tecnologías emergentes como los Pequeños Reactores Modulares (SMR).
- Seguridad y asequibilidad como prioridades: La resiliencia de la cadena de suministro y el acceso a energía asequible se alinean perfectamente con las metas de descarbonización, garantizando el desarrollo económico.
Estrategias flexibles para liderar el futuro energético
McKinsey concluye que la diversidad de ritmos regionales y la abundancia de capital abren la puerta a múltiples vías de éxito. La firma enfatiza que los gobiernos y empresas que desarrollen modelos adaptativos y diversificados estarán mejor posicionados para aprovechar las oportunidades de este dinámico mapa energético hacia el año 2050.































