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Soberanía digital: del dato al control

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La soberanía digital significa asegurar opciones reales para decidir, operar y evolucionar la tecnología, incluida la capacidad de gobernar, auditar y mover cargas entre distintos entornos cuando sea necesario, sin perder de vista el cumplimiento normativo. En la práctica, la soberanía digital se sostiene en tres dimensiones: datos, operación y propiedad intelectual (incluida IA).

Entre los principales beneficios se encuentra la posibilidad de definir políticas y marcos regulatorios más alineados con los valores locales, así como orientar inversiones estratégicas que permitan un mayor control sobre dónde y cómo se almacenan y utilizan los datos de ciudadanos, empresas y organizaciones.

Asimismo, este enfoque puede impulsar una mayor cooperación regional y fomentar la formación de profesionales calificados que acompañen la implementación de estas regulaciones tanto en el sector público como en el privado.

Más allá del cumplimiento normativo, la soberanía digital representa la capacidad de las organizaciones y de los países para tomar decisiones informadas e independientes que definan su destino digital. No avanzar en este camino puede exponer a riesgos relevantes, como una mayor dependencia tecnológica, vulnerabilidades legales y una seguridad comprometida, lo que podría derivar en crisis estratégicas, económicas y operativas en un contexto donde la infraestructura digital es esencial.

“No adoptar una estrategia de soberanía digital incrementa la dependencia tecnológica y expone a las organizaciones a riesgos legales, operativos y de seguridad que pueden comprometer su competitividad y su continuidad en el largo plazo”, señaló Thyago Araki, Director Senior de Ventas de Tecnología en América Latina de Red Hat.

En América Latina, la discusión va más allá de “dónde” se alojan los datos: también implica cómo se gobiernan. Un reporte del Banco Mundial sobre ecosistemas de datos y analítica en América Latina y el Caribe destaca brechas en capacidades de gobernanza, incluyendo marcos para calidad de datos e interoperabilidad en el sector público.

Este punto refuerza que la soberanía digital no es solo localización: es gobernanza efectiva para habilitar mejores decisiones, servicios y resiliencia. Cuando se adopta de forma estratégica, fortalece la competitividad, impulsa la innovación local y reduce vulnerabilidades; sin embargo, si se limita a un ejercicio burocrático sin valor agregado, puede frenar el desarrollo económico y tecnológico.

Red Hat impulsa diversas acciones para fortalecer este ecosistema, especialmente a través de la colaboración con universidades públicas y privadas

Mirando hacia el futuro, la compañía anticipa que la soberanía digital evolucionará de la simple localización de datos hacia un modelo centrado en la autonomía operativa y el control de la propiedad intelectual, sustentado en ejecución de cargas donde se necesiten, automatización del cumplimiento y resiliencia extendida (incluido edge) para operar con solidez ante incidentes o restricciones.

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