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Lideres IT

Comunidades tecnológicas y su contribución al ecosistema empresarial

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Por Jaime Guerrero, Country Manager, CxO Forum.

El fortalecimiento del ecosistema empresarial y tecnológico de un país no depende únicamente de la capacidad individual de las empresas ni de las políticas públicas. Requiere, sobre todo, espacios de articulación capaces de conectar visión, talento y acción. Las comunidades tecnológicas son uno de esos catalizadores del desarrollo y la competitividad.

Para aportar de forma efectiva, las comunidades deben mirar más allá del entorno local y realizar análisis comparativos con otros países que ya han avanzado en la construcción de ecosistemas digitales. Esta mirada permite identificar buenas prácticas y, a partir de ellas, plantear metas país compartidas. También deben aunar esfuerzos para conseguir una meta común para el país, metas que pueden ser ambiciosas pero factibles, por ejemplo, convertir a Ecuador en líder mundial en ciberseguridad o lograr que el programador de Ecuador sea reconocido a nivel mundial.

En paralelo, las comunidades están llamadas a comprender los retos reales que enfrentan las empresas al intentar modernizar sus operaciones. Estos desafíos suelen dividirse en dos frentes. En el ámbito interno, persiste la necesidad de fortalecer una cultura de optimización apoyada en herramientas modernas, incluida la inteligencia artificial. En el plano externo, las organizaciones se enfrentan a entornos regulatorios y administrativos complejos, donde la interacción con el sector público resulta inevitable. Aquí, las comunidades pueden actuar como un puente para promover un diálogo más técnico y constructivo con las autoridades, orientado a simplificar procesos para mejorar la competitividad.

El avance del país también exige atención a capacidades transversales que suelen quedar relegadas. La cultura empresarial continúa siendo un factor determinante, pero debe ir acompañada de liderazgos empoderados y de una gestión de procesos más sólida. Observar experiencias exitosas en otros mercados y adaptar esos aprendizajes al contexto local permite acelerar la madurez organizacional sin repetir errores ya conocidos.

Las oportunidades de colaboración entre empresas, academia, gobierno y comunidades son amplias, pero requieren voluntad y constancia para materializarse. La interacción permanente entre el sector privado y la academia favorece la formación de talento alineado a las necesidades reales del mercado, mientras que un vínculo más cercano con el sector público contribuye a una mayor comprensión de los impactos que las decisiones regulatorias tienen sobre la actividad empresarial y, en última instancia, sobre el ciudadano.

Un ecosistema empresarial y tecnológico se construye con la participación de todos los actores y las comunidades tienen el potencial de asumir un rol activo como articuladoras e impulsar agendas comunes para el futuro digital del país.

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