
Los Premios Nobel 2026 de Física, Química y Fisiología o Medicina reconocieron investigaciones que han ampliado las capacidades científicas para explorar el universo, controlar reacciones moleculares y comprender el funcionamiento del cerebro. Los reconocimientos fueron anunciados por la Real Academia Sueca de Ciencias y la Asamblea Nobel del Instituto Karolinska, entre el 5 y el 7 de octubre.
Los descubrimientos muestran cómo la combinación de conocimiento científico, ingeniería y nuevas técnicas de experimentación abre posibilidades para la astronomía, la industria farmacéutica y la neurociencia.
Física: un observatorio bajo el hielo de la Antártida
Según el comunicado oficial de la Real Academia Sueca de Ciencias, el Premio Nobel de Física 2026 fue otorgado a Francis Halzen, profesor de la Universidad de Wisconsin–Madison, Estados Unidos, por sus contribuciones al Observatorio de Neutrinos IceCube y al descubrimiento de neutrinos de alta energía de origen astrofísico.
El proyecto convirtió un kilómetro cúbico de hielo del Polo Sur en una infraestructura científica equipada con sensores de luz capaces de detectar señales producidas por neutrinos, partículas subatómicas que atraviesan constantemente la materia y que rara vez interactúan con ella.
Cuando un neutrino colisiona con un núcleo atómico, puede generar partículas secundarias que producen señales luminosas. Los instrumentos instalados en el hielo permiten registrar estos eventos y obtener información sobre partículas procedentes de regiones distantes del universo.
Halzen propuso utilizar el hielo antártico para esta investigación en 1988. El observatorio IceCube se completó en 2011 y posteriormente permitió identificar neutrinos de alta energía originados fuera del sistema solar.
A diferencia de otras partículas cósmicas, los neutrinos pueden recorrer enormes distancias sin desviarse significativamente ni perder energía. Esta propiedad los convierte en una fuente de información para investigar fenómenos extremos y aceleradores naturales de partícula
Química: mayor control sobre la producción de moléculas
De acuerdo con la Real Academia Sueca de Ciencias, el Premio Nobel de Química 2026 reconoció a Henri B. Kagan, de la Universidad Paris-Sud, Francia, y Kenso Soai, de la Universidad de Ciencias de Tokio, Japón, por sus descubrimientos sobre efectos no lineales y autocatálisis en síntesis orgánica asimétrica.
Sus investigaciones permitieron comprender cómo determinadas reacciones químicas pueden favorecer la formación de una versión específica de una molécula, una propiedad relevante para el desarrollo de sustancias que interactúan con organismos vivos.
Algunas moléculas presentan dos formas que son imágenes especulares entre sí, de manera similar a las manos izquierda y derecha. Aunque poseen la misma composición química, sus interacciones biológicas pueden ser diferentes. En la fabricación de determinados medicamentos, controlar esta característica resulta importante para obtener las propiedades deseadas.
En 1986, Kagan descubrió una forma de amplificar la producción de una de estas versiones moleculares. Posteriormente, Soai desarrolló reacciones capaces de favorecer una orientación específica y, en 2003, presentó un proceso en el que se formó únicamente una de las dos variantes posibles.
Los descubrimientos contribuyeron a explicar cómo puede surgir la homociralidad, característica por la cual los sistemas biológicos utilizan predominantemente una orientación específica de determinadas moléculas.
Medicina: la luz permite estudiar la actividad neuronal
La Asamblea Nobel del Instituto Karolinska concedió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2026 a Karl Deisseroth, Peter Hegemann y Georg Nagel por sus descubrimientos relacionados con los canales iónicos activados por luz y la optogenética.
Esta técnica combina herramientas genéticas y estimulación luminosa para controlar la actividad de determinadas células nerviosas. Su desarrollo ha permitido investigar cómo distintos circuitos neuronales intervienen en la memoria, las emociones y el comportamiento.
El avance comenzó con el estudio de una proteína presente en algas unicelulares, conocida como canalrodopsina. Hegemann y Nagel descubrieron que, al recibir luz azul, esta proteína permite el paso de iones a través de la membrana celular y puede generar una señal eléctrica.
A partir de estos hallazgos, Deisseroth introdujo el gen correspondiente en neuronas de rata y demostró, en 2005, que era posible activar señales nerviosas mediante luz. Dos años después, logró aplicar el procedimiento en el cerebro de ratones vivos.
La optogenética permitió pasar de observar la actividad cerebral a intervenir de manera selectiva sobre determinados circuitos neuronales, facilitando el estudio de relaciones entre la actividad de las células nerviosas y funciones específicas del cerebro.
Actualmente, esta herramienta se utiliza en investigaciones sobre procesos relacionados con trastornos neurológicos y psiquiátricos. También se exploran aplicaciones clínicas experimentales para intentar recuperar la visión en personas con discapacidad visual.


























