El auge de la inteligencia artificial: entre la innovación y la hegemonía.
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Por: Anavela Herrera, periodista y editora.
Cada día recibo boletines, leo artículos y escucho sobre inteligencia artificial (IA), IA generativa y su impacto en los negocios. La narrativa predominante resalta sus beneficios, su capacidad para optimizar procesos y su papel como ventaja competitiva. Las empresas se han sumado a esta tendencia con audacia, explorando un sinfín de aplicaciones que, en muchos casos, superan el entendimiento de los propios usuarios. Estamos ante un mundo en plena transformación.
Sin embargo, este fenómeno trasciende lo meramente tecnológico. La IA se ha convertido en un recurso estratégico que no solo impulsa la eficiencia y el crecimiento económico de las empresas, sino que también redefine el equilibrio de poder a nivel global. Las grandes naciones y corporaciones tecnológicas han comprendido que el dominio de la IA no es solo una cuestión de desarrollo, sino también de influencia.
Estamos en un camino riesgoso. Cuando los gobiernos comienzan a utilizar la tecnología como un medio de control y hegemonía, el debate deja de ser solo sobre innovación. OpenAI abrió una brecha en la carrera tecnológica con sus algoritmos avanzados, y rápidamente otros actores se han sumado a la competencia. La confrontación entre Sam Altman y Elon Musk, así como las declaraciones del vicepresidente de Estados Unidos, J.D. Vance, en la Cumbre de Acción sobre la Inteligencia Artificial en París, evidencian el trasfondo geopolítico de esta revolución. Vance instó a otros países a no regular la industria tecnológica estadounidense y criticó los intentos de la Unión Europea por establecer normativas sobre IA, redes sociales y monopolios tecnológicos.
La inteligencia artificial es una herramienta poderosa, pero más importante aún es la intención detrás de su uso. Cuando la gestión de la tecnología pasa a estar en manos de gobiernos y corporaciones con intereses particulares, el riesgo de perder el control sobre su impacto en la sociedad se vuelve real. La pregunta no es si la IA seguirá evolucionando, sino cómo hacer que su desarrollo beneficie a todos.