“La familia es mi prioridad, y esa misma visión la traslado a mis equipos” 

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Franklin Rosero, vicepresidente de Tecnología de Veris, ha construido su trayectoria entre decisiones de alto impacto, liderazgo cercano y una visión profundamente centrada en las personas. De la migración pionera hacia la nube a la evolución omnicanal del grupo, su gestión combina estrategia, experiencia del cliente y desarrollo de equipos. 

Trayectoria y liderazgo

  • De la mecánica industrial a los sistemas 
  • Liderar desde la cercanía y el propósito 
  • Las enseñanzas que marcaron su gestión 
  • La familia como punto de equilibrio 
  • Momentos que cambiaron su manera de ver la vida 

“Yo creo que el aprendizaje siempre llega por etapas y por oleadas.” Así resume Franklin Rosero, vicepresidente de Tecnología de Veris, una trayectoria construida entre decisiones difíciles, transformación tecnológica y una mirada empática del liderazgo. 

Su crecimiento profesional se sostiene en dos principios: construir estrategias tecnológicas alineadas con los objetivos del negocio y desarrollar soluciones centradas en la experiencia del usuario. 

La apuesta más arriesgada de su carrera —y, con el tiempo, una de las más acertadas— llegó hace aproximadamente siete años, cuando lideró la migración del data center de Veris hacia la nube. Era un terreno todavía incierto: la iniciativa implicaba trasladar una infraestructura tradicional que conectaba más de veinte sucursales hacia un entorno cloud. 

“Al ser pioneros, había dudas sobre los tiempos de respuesta, el rendimiento, la estabilidad y la experiencia de los usuarios al acceder a los sistemas. En el sector salud no se puede jugar con la disponibilidad ni con las caídas del servicio”, recuerda. 

El segundo gran reto ha sido la evolución hacia una estrategia omnicanal en Veris, con la incorporación de múltiples canales digitales pensados para un consumidor mucho más conectado. El resultado: mejoras tangibles en eficiencia, experiencia y resultados de negocio. 

De la mecánica industrial a los sistemas 

Siempre soñó con ser arquitecto. Se define como un “arquitecto frustrado” porque le apasionan la construcción, el diseño y todo lo relacionado con crear espacios. Sin embargo, desde su posición actual reconoce que esa vocación encontró otra forma: “Diseño y desarrollo soluciones tecnológicas que se integran, evolucionan y generan valor para las personas y las organizaciones”. 

La esencia, asegura, sigue siendo la misma. “Me gusta diseñar, innovar y desarrollar soluciones orientadas a mejorar experiencias y trabajar desde una visión centrada en el cliente. Ahí encuentro una relación muy cercana con la arquitectura: pensar cómo algo será usado, cómo funcionará y qué experiencia generará”. 

Su lado rebelde lo llevó, en la juventud, a estudiar el bachillerato en Mecánica Industrial. No quería seguir las especialidades tradicionales como físico-matemático, químico-biológicas o sociales; sentía curiosidad por explorar algo distinto y decidió ingresar a un colegio técnico. 

Su entorno estaba marcado por tornos, fresadoras y equipos industriales. Al terminar el colegio, empezaban a aparecer en el país las primeras carreras vinculadas a la tecnología y los sistemas. Por pura curiosidad revisaba los pénsum, tratando de entender de qué se trataba ese nuevo mundo. 

“La verdad es que no tenía idea de lo que estaba haciendo”, comenta sonriendo. Aun así, decidió ingresar a la Universidad Católica para estudiar sistemas. 

Hay una anécdota que siempre recuerda porque refleja el punto cero desde el que partió: “Ni siquiera sabía cómo colocar correctamente un disquete de 5 1/4 en una computadora. Venía de un campo distinto y mi conocimiento en tecnología era literalmente cero”. 

Con el tiempo terminó destacándose como uno de los mejores estudiantes de su promoción, con reconocimientos académicos incluidos. Lo describe como “un amor a segunda vista”: descubrió un mundo que terminó apasionándolo. 

Liderar desde la cercanía y el propósito 

Sus primeras experiencias laborales estuvieron vinculadas a la academia. Más adelante ingresó al Municipio de Guayaquil, donde comenzó como desarrollador de software y luego pasó a supervisar equipos. “Pasé de desarrollar a dirigir equipos y coordinar proyectos tecnológicos, en un momento en que la modernización empezaba a tomar fuerza.” Esa experiencia marcó sus primeros años de liderazgo. 

Su estilo ha sido moldeado por su manera de ser, la experiencia y el aprendizaje acumulado. Lo define como una combinación entre cercanía con las personas y visión estratégica. 

La forma en que entiende el liderazgo parte de un principio muy personal: el sentido de familia. “Para mí, la familia es lo más importante, comenzando por mi esposa y mis dos hijos. Y esa misma visión trato de trasladarla a los equipos con los que trabajo”. 

Desde lo estratégico, considera indispensable que cada persona entienda el propósito de lo que hace y cómo su trabajo contribuye a los objetivos del negocio. También promueve el empoderamiento y la orientación a resultados. 

“Me considero más un facilitador y un coach. Busco generar autonomía para que los colaboradores puedan gestionar, tomar decisiones y asumir retos con seguridad dentro de sus propios proyectos”, explica. 

Parte de esa filosofía consiste en dar protagonismo a los equipos. En presentaciones o exposiciones de proyectos, prefiere que sean los propios integrantes quienes expliquen el trabajo realizado, fortaleciendo su capacidad de comunicación, su liderazgo y su relación con clientes y usuarios internos. 

Las enseñanzas que marcaron su gestión 

Si algo agradece de su recorrido, son los referentes. “He tenido la fortuna —y, como siempre digo, la bendición de Dios— de encontrar líderes que marcaron distintas etapas de mi vida profesional”. Habla de dos grandes mentorías: la de sus inicios, en el Municipio de Guayaquil, y la de Jorge Wills, presidente de Veris y su jefe directo. “Lo considero un referente importante en mi carrera, especialmente por su visión centrada en el cliente, el propósito y la propuesta de valor”. 

Uno de los aspectos que más valora de esos líderes es la capacidad de decidir incluso en escenarios de incertidumbre, una habilidad que a él mismo le ha permitido liderar y ejecutar proyectos complejos. 

“Siempre busco involucrarme personalmente y hacer que el equipo funcione como una unidad. Si existe un problema, lo enfrentamos juntos; si hay un logro, el mérito también es compartido. Para mí, la empatía y la cercanía son indispensables para construir compromiso y sentido de propósito”. 

La familia como punto de equilibrio 

Fuera del ritmo intenso de su carrera, la familia ocupa un lugar central en la vida de Franklin Rosero. Habla con gratitud de su esposa, también ingeniera en sistemas, quien lo ha acompañado desde muy jóvenes y comprende las exigencias de una profesión donde la presión y los proyectos críticos forman parte del día a día. 

Pese a la agenda, siempre busca espacios para compartir con los suyos. Uno de los momentos que más disfruta sucede alrededor de un juego de cartas llamado Telefunken, una tradición que heredó de su madre y que hoy mantiene viva junto a su esposa e hijos. 

“Muchas veces llego después de un día complejo o estresante, pero basta una partida con mi esposa y mi hijo para cambiar completamente el ambiente y relajarme”, comenta. 

Los asados familiares, el café y el deporte también forman parte de su rutina. Ha realizado cursos de parrilla y barismo; disfruta conocer cafeterías y probar cafés de especialidad. Confiesa, incluso, que uno de sus sueños es tener una cafetería propia. Sus mañanas suelen comenzar temprano, entre trotes, partidos de pádel o fútbol. 

Otra dimensión importante en su vida es la espiritual. Junto a su esposa participa, desde hace aproximadamente quince años, en un grupo católico de parejas, un espacio que —según cuenta— ha fortalecido su vida familiar. 

Sus hijos han tomado caminos distintos a la tecnología: el mayor estudia Psicología y el menor muestra interés por la política. Aun así, Rosero considera indispensable que cualquier profesional incorpore habilidades digitales en su formación. 

“No importa si alguien estudia psicología, arquitectura, derecho o medicina: el profesional moderno debe saber aprovechar herramientas digitales, automatización e inteligencia artificial para potenciar su trabajo y diferenciarse”. 

También mantiene un interés sostenido por el liderazgo y el desarrollo personal. Suele escuchar audiolibros mientras hace ejercicio o camina. Uno de los más recientes —y que destaca con entusiasmo— es Mindfulness para líderes, por su mirada sobre liderazgo y equilibrio personal. 

Momentos que cambiaron su manera de ver la vida 

Franklin Rosero reconoce que hay momentos que marcan un antes y un después. Habla de ellos con serenidad y desde una perspectiva positiva. “Siempre he tratado de ver la vida desde otro ángulo. Incluso en los momentos difíciles, prefiero pensar en el vaso medio lleno y no medio vacío”. 

Uno de esos momentos fue formar una familia. El nacimiento de sus hijos transformó por completo su manera de ver la vida. “Ahí entiendes realmente cómo cambian las prioridades, el tiempo, la forma de tomar decisiones y la responsabilidad con la que enfrentas todo”. 

Otro episodio que lo marcó fue la pérdida de su padre cuando tenía 18 años. Su fallecimiento afectó a toda la familia y cambió muchas cosas en esa etapa; incluso perdió el preuniversitario. 

Con el tiempo entendió que aquel momento difícil también se convirtió en un punto de inflexión. “Cuando miro hacia atrás, entiendo que tanto las experiencias difíciles como las positivas han sido parte de lo que soy hoy. Por un lado, hubo momentos dolorosos que me impulsaron a crecer; y por otro, mi familia se convirtió en el motor y el propósito que da sentido a todo lo que hago”.