Identidad, accesos y confianza digital en el sector eléctrico

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Por Geovanny Barrera Calle, Superintendente de Protección de Datos – Delegado de Protección de Datos Personales en Empresa Eléctrica Regional Centro Sur C.A.

La seguridad de la información en el sector eléctrico público trasciende lo tecnológico: articula cumplimiento normativo, gestión de identidades y capacidades avanzadas de respuesta frente a amenazas dinámicas, con un impacto directo en la continuidad de servicios esenciales para la ciudadanía.

Ejes de análisis

  • Gestión estructurada y cumplimiento normativo
  • Identidad, accesos y respuesta ante amenazas
  • Cultura, tecnología y decisiones basadas en riesgo
  • Un enfoque integral: de la normativa a la operación
  • Aprendizajes que marcan el camino
  • Confianza digital: una responsabilidad pública

Vivimos en una era donde la digitalización avanza con una velocidad sin precedentes, y con ella, también evolucionan las amenazas. En este escenario, la seguridad de la información ha dejado de ser un componente técnico para convertirse en un eje estratégico de las organizaciones. Sin embargo, en el sector eléctrico público, su importancia va mucho más allá: no solo se trata de proteger datos, sino de resguardar la continuidad de servicios esenciales que impactan directamente en la vida de las personas.

Hablar de seguridad en este contexto es hablar de confianza, de responsabilidad institucional y de la capacidad de anticiparse a riesgos que, de materializarse, pueden afectar derechos fundamentales como la salud, la educación o la movilidad.

Gestión estructurada y cumplimiento normativo

En las empresas públicas del sector eléctrico, la seguridad de la información no se gestiona de manera aislada. Está integrada dentro del Esquema Gubernamental de Seguridad de la Información (EGSI V3.0), que establece un marco claro para su implementación, obligando a las organizaciones a abordarla de forma estructurada, transversal y alineada con cada proceso institucional.

A este marco se suma la Ley Orgánica de Protección de Datos Personales, que ha ampliado significativamente la forma en que entendemos la gestión de la información. Hoy no solo protegemos datos de clientes, sino también de trabajadores, proveedores y ciudadanos en general. Esto ha generado un cambio profundo: la seguridad deja de ser una práctica técnica y se convierte en un compromiso organizacional.

En este contexto, proteger la información también significa sostener la continuidad del servicio eléctrico. No es una afirmación conceptual, es una realidad operativa.

Identidad, accesos y respuesta ante amenazas

Uno de los cambios más significativos en los últimos años ha sido la transformación en la gestión de identidades y accesos. La confianza implícita, que durante mucho tiempo fue la base de los modelos de seguridad, ha sido reemplazada por un enfoque de verificación continua.

Hoy se implementan mecanismos como autenticación multifactor, control de accesos basado en roles, principio de mínimo privilegio y modelos de confianza cero (Zero Trust). Pero más allá de las herramientas, lo que ha cambiado es la forma de entender la seguridad: ya no se trata de confiar, sino de validar constantemente.

Este cambio responde a una realidad innegable: las amenazas también han evolucionado. La incorporación de la inteligencia artificial en el mundo de la ciberdelincuencia ha elevado el nivel de sofisticación de los ataques. Hoy enfrentamos campañas de phishing altamente personalizadas, suplantaciones de identidad más creíbles y ataques que se adaptan en tiempo real.

Frente a este escenario, la respuesta debe estar a la altura. Las organizaciones han comenzado a incorporar herramientas basadas en inteligencia artificial que permiten detectar comportamientos anómalos, anticipar riesgos y automatizar respuestas.

La seguridad, entonces, deja de ser reactiva para convertirse en predictiva. Y con ello, la inversión en ciberseguridad deja de percibirse como un gasto para consolidarse como una necesidad estratégica.

Cultura, tecnología y decisiones basadas en riesgo

Las iniciativas en seguridad dentro del sector eléctrico se sostienen sobre tres pilares fundamentales: la cultura, el cumplimiento y la tecnología.

El primero y quizá el más importante es la cultura organizacional. Ninguna herramienta tecnológica será suficiente si las personas no comprenden su rol dentro de la seguridad. Por ello, la capacitación y sensibilización continua se han convertido en una prioridad.

El segundo pilar es el cumplimiento normativo, donde el EGSI y la Ley Orgánica de Protección de Datos Personales marcan el rumbo. Esto ha impulsado proyectos de fortalecimiento institucional, apoyados en consultorías especializadas y herramientas que permiten mejorar la gestión de riesgos.

El tercer pilar es la tecnología, donde se han incorporado soluciones avanzadas de monitoreo, detección y respuesta, muchas de ellas potenciadas por inteligencia artificial, capaces de enfrentar amenazas cada vez más dinámicas.

La adopción de estas soluciones no responde a tendencias, sino a criterios técnicos claros: nivel de riesgo, criticidad de los activos, impacto en la operación, proporcionalidad de las medidas, usabilidad y cumplimiento normativo. Porque en seguridad, una solución que no es adoptada simplemente no funciona.

Un enfoque integral: de la normativa a la operación

El sector eléctrico ha adoptado un enfoque integral de seguridad, que abarca todo el ciclo de vida de la información.

En cumplimiento del EGSI y la LOPDP, se han desarrollado metodologías de gestión de riesgos, políticas específicas de seguridad de la información y políticas de tratamiento de datos personales, adaptadas a distintos contextos operativos.

A nivel tecnológico, se han implementado mecanismos como autenticación multifactor, soluciones EDR/XDR, herramientas de prevención de fuga de información (DLP), gestión de identidades (IAM/PAM), cifrado, así como servicios gestionados como SOC o CSIRT.

En este ecosistema, la inteligencia artificial juega un rol cada vez más relevante, fortaleciendo la capacidad de detección y respuesta frente a amenazas avanzadas.

Aprendizajes que marcan el camino

Uno de los aprendizajes más valiosos ha sido comprender que el usuario no es el eslabón más débil, sino el más importante. Invertir en su conocimiento y conciencia genera un impacto mucho mayor que cualquier herramienta tecnológica.

También se ha internalizado que la seguridad no es un producto, sino un proceso continuo. No existe un estado final, sino una evolución constante.

Finalmente, se ha entendido que el objetivo no es eliminar el riesgo, sino gestionarlo de manera inteligente, priorizando siempre la prevención.

Confianza digital: una responsabilidad pública

En el sector público, la confianza digital no es una aspiración, es una obligación.

Se construye a partir de la seguridad, el cumplimiento normativo y la transparencia en el manejo de la información. Pero, sobre todo, se consolida en la práctica, en cada interacción con los ciudadanos.

Porque la confianza no se establece en documentos, se construye con acciones.