El modelo Zero Trust transforma la gestión de accesos en entornos empresariales

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Por: Geovanny Torres, Chief Information Security Officer, BMI.

Ejes de análisis

  • Identidad como eje del modelo Zero Trust
  • Errores frecuentes en la adopción

La arquitectura Zero Trust surge como respuesta a las limitaciones del modelo basado en perímetros. La adopción de la nube, el trabajo remoto y el incremento de ataques más sofisticados exigen validar de forma continua identidades y accesos.

Su implementación implica un cambio estratégico: dejar atrás la confianza implícita y establecer mecanismos de verificación explícita sobre cada interacción. El punto de partida es asumir que una brecha puede existir y que toda solicitud debe tratarse como si proviniera de un entorno no confiable.

En la práctica, el modelo se apoya en varios componentes. La microsegmentación divide la red en entornos aislados, reduciendo la propagación de amenazas. El monitoreo y la validación continua permiten observar el comportamiento durante toda la sesión y responder ante anomalías en tiempo real. El acceso de mínimo privilegio limita los permisos al nivel estrictamente necesario, reduciendo el impacto de posibles compromisos.

Adoptar Zero Trust también demanda ajustes en la cultura organizacional. La seguridad deja de operar bajo supuestos de confianza por defecto y pasa a regirse por esquemas de validación constante, donde cada acceso se evalúa en función del contexto y el riesgo.

Para iniciar, los esfuerzos deben concentrarse en los sistemas y datos más críticos. A partir de ahí, la implementación puede avanzar por etapas:

  • Visualizar: identificar activos, accesos y superficies de exposición.
  • Mitigar: detectar y contener amenazas, reduciendo su impacto.
  • Optimizar: extender el modelo a toda la infraestructura, ajustando controles y experiencia de usuario.

Un plan de despliegue suele incluir la protección de identidades y dispositivos mediante autenticación multifactor (MFA), políticas de acceso condicional y gestión de endpoints. A esto se suma la incorporación de capacidades de detección y respuesta extendida (XDR) para cubrir identidades, dispositivos, aplicaciones en la nube y correo electrónico.

Identidad como eje del modelo Zero Trust

La gestión de identidades y accesos (IAM) sostiene el modelo Zero Trust. Permite validar usuarios y dispositivos antes de conceder cualquier tipo de acceso.

El uso de autenticación multifactor (MFA) y esquemas de inicio de sesión único (SSO) eleva el nivel de control al exigir múltiples factores de verificación. A esto se suma el monitoreo continuo y controles adaptativos basados en riesgo, que ajustan las decisiones de acceso según el contexto.

El acceso de mínimo privilegio sigue siendo uno de los puntos más débiles, especialmente en entornos de nube donde los permisos suelen dispersarse entre múltiples servicios. Sin una gestión rigurosa, se amplía la superficie de exposición.

Una práctica efectiva es  eliminar la noción de red interna confiable. Cada acceso, incluso dentro de la organización, debe validarse de forma explícita, considerando tanto la identidad del usuario como el estado del dispositivo.

Llevar el modelo a operación requiere identificar puntos de exposición, eliminar dependencias de confianza implícita y automatizar la evaluación de la postura de seguridad para detectar desviaciones de forma temprana.

Errores frecuentes en la adopción

Uno de los principales riesgos es tratar Zero Trust como una compra de tecnología. Equiparar la estrategia con la adquisición de soluciones conduce a implementaciones fragmentadas, donde las herramientas operan en silos y generan nuevas brechas.

También es habitual abordarlo como un proyecto puntual. Zero Trust no es un despliegue único, sino un modelo que se implementa por fases, alineado a políticas, procesos y capacidades organizacionales.

Cuando se lo limita a una iniciativa aislada, aparecen inconsistencias y dificultades para escalar.

Subestimar el alcance de su implementación genera impactos operativos. Expectativas poco realistas afectan la planificación y el uso del presupuesto, mientras que ejecuciones apresuradas pueden introducir nuevas vulnerabilidades.

Zero Trust exige coherencia entre estrategia, operación y gobierno. Sin esa alineación, el modelo pierde efectividad y se diluye en la práctica.