Cuando ingresó a estudiar Informática ni siquiera sabía con certeza de qué trataba la carrera. Hoy, Fausto Cerda sostiene que el mayor aprendizaje en la profesión no ha estado únicamente en la evolución tecnológica, sino en comprender que detrás de cada proyecto exitoso siempre hay personas capaces de generar confianza y construir equipos.
Trayectoria y liderazgo
- Liderar desde la confianza
- Aprender también significa cambiar
- Los retos no terminan, evolucionan
Después de dejar atrás la idea de una carrera militar y de un paso por la Escuela Politécnica Nacional, donde había considerado estudiar Ingeniería en Minas y Petróleos, Fausto Cerda llegó a la ESPE de Latacunga sin tener claro cuál sería su siguiente paso. Fue entonces cuando le hizo al secretario de la institución una pregunta que terminaría cambiando el rumbo de su vida: “¿De qué se trata esa carrera?”.
La respuesta que recibió fue simple e inesperada. “No sé exactamente qué es… pero es nueva y tiene algo que ver con computadoras”
Eso bastó para tomar una decisión que terminaría marcando toda su vida profesional. Se inscribió en Informática sin imaginar que esa elección definiría su futuro. Décadas después, sigue encontrando en la tecnología el mismo atractivo que lo cautivó desde el inicio: la posibilidad de pensar, crear y transformar.
Hoy, con una reconocida trayectoria en el sector, menciona que ha sido testigo de prácticamente todas las grandes transformaciones de la industria. Vivió la época en que un profesional debía conocer programación, infraestructura, redes, bases de datos y comunicaciones porque las especializaciones aún no existían. También experimentó el nacimiento de nuevas arquitecturas, la evolución de las redes y la permanente necesidad de aprender tecnologías que apenas comenzaban a aparecer.
Ese recorrido lo llevó a asumir como Jefe de la Unidad de Tecnología de la Información de la Cooperativa de Ahorro y Crédito de la Pequeña Empresa de Cotopaxi, CACPECO, donde ha acompañado la evolución tecnológica de la cooperativa impulsando iniciativas para fortalecer la continuidad operativa, modernizar la infraestructura y respaldar la transformación digital de la institución. Sin embargo, considera que el mayor reto nunca ha sido incorporar nuevas tecnologías, sino lograr que estas generen confianza y aporten valor a la organización y a sus socios.
Liderar desde la confianza
Cuando recuerda su carrera, no habla primero de plataformas, servidores o lenguajes de programación. Habla de personas.
Durante quince años en Banco del Pacífico y posteriormente en el sector cooperativo descubrió que el desafío no consistía únicamente en implementar tecnología, sino en conseguir que las personas confiaran en ella. “Un área de Tecnología deja de ser vista como un centro de soporte cuando entiende el negocio, escucha sus necesidades y construye relaciones de confianza”, indica.
Esa misma filosofía la trasladó a la forma de liderar sus equipos. Considera que un profesional no debe ser evaluado únicamente por los conocimientos con los que llega, sino por su disposición para aprender y crecer. Por eso ha dedicado buena parte de su carrera a formar colaboradores que luego continuaron su desarrollo en otras instituciones financieras, una realidad que, lejos de frustrarlo, considera parte de la responsabilidad de un líder.
Su estilo de liderazgo combina participación, disciplina e integridad. Evita el autoritarismo, promueve procesos y procura que cada integrante del equipo tenga autonomía para tomar decisiones.
Una anécdota resume la relación que ha construido con su equipo. Durante la llegada de una nueva directiva, escuchó una frase que terminó describiendo su estilo de liderazgo: “usted es el papá de los chicos”. sonríe al recordarla. Explica que siempre ha procurado proteger y acompañar a sus colaboradores, pero también exigirles cuando es necesario. Para él, cercanía e integridad son dos condiciones indispensables para construir equipos sólidos.
En CACPECO más que concentrar las decisiones, ha impulsado equipos especializados en desarrollo, infraestructura, soporte y aseguramiento de calidad, con responsabilidades definidas y capacidad para actuar de manera autónoma. Para el ejecutivo de IT, un área tecnológica madura no depende de una sola persona; depende de procesos sólidos y de equipos preparados para responder incluso cuando el líder no está presente.
Aprender también significa cambiar
Pero esa forma de liderar no surgió únicamente de la experiencia. También fue el resultado de reconocer que equivocarse hace parte del camino. “Si no fracasas, no aprendes”, afirma convencido al recordar una etapa en la que comprendió que el conocimiento técnico no era suficiente y que también debía revisar su manera de dirigir equipos. Esa reflexión lo llevó a buscar el acompañamiento de un coach, convencido de que un líder también necesita escuchar, cuestionarse y estar dispuesto a cambiar. A partir de entonces fortaleció una visión en la que el aprendizaje no termina con la experiencia, sino que se alimenta de la capacidad de reconocer errores y seguir creciendo.
Ese proceso de transformación encontró otro punto de inflexión durante un entrenamiento denominado Ingeniero de lo Imposible que lo desafió a enfrentar sus propios miedos y a salir de su zona de confort. Una de las pruebas que más recuerda fue sorprender a su esposa disfrazado de mimo para entregarle un ramo de flores en su lugar de trabajo. Más allá de la anécdota, aquel gesto simbolizó una nueva manera de entender la vida: atreverse a hacer cosas diferentes para generar un impacto positivo en quienes nos rodean.
Los retos no terminan, evolucionan
La misma disposición para asumir desafíos también ha marcado su gestión en CACPECO. Entre los proyectos que recuerda con mayor satisfacción están la evolución de la infraestructura de comunicaciones y la búsqueda permanente de altos niveles de disponibilidad para los servicios tecnológicos de la cooperativa. Señala que alcanzar estándares cercanos al 99 % de disponibilidad ha requerido tomar decisiones complejas, cambiar proveedores cuando ha sido necesario e impulsar nuevas arquitecturas, siempre con un objetivo de garantizar una operación confiable para los socios y para el negocio. Para Fausto “innovar implica asumir riesgos, pero siempre respaldados por análisis, conocimiento y trabajo en equipo”.
Fuera de la oficina mantiene dos pasatiempos que lo han acompañado desde joven: el deporte y la lectura. Continúa jugando fútbol, practica otras disciplinas cuando el tiempo lo permite y prefiere los libros impresos antes que las pantallas. Entre sus autores favoritos están Robin Sharma y Gabriel García Márquez, cuyas obras, asegura, le recuerdan que el crecimiento profesional siempre debe ir acompañado del crecimiento personal. Tampoco es un entusiasta de las redes sociales; su paso por el ámbito de la seguridad de la información reforzó su convicción de que la tecnología debe utilizarse con criterio y responsabilidad.
Cuando habla del futuro, tampoco muestra preocupación por la velocidad con la que evolucionan tecnologías como la inteligencia artificial. Su reflexión apunta en otra dirección. Cree que la tecnología seguirá cambiando y que siempre aparecerán nuevas herramientas, pero insiste en que la diferencia continuará estando en las personas y en las decisiones que sean capaces de tomar.
Porque, al final, sostiene, la tecnología puede convertirse en una gran aliada, siempre que sean las personas quienes mantengan el control y encuentren la mejor manera de ponerla al servicio de los demás.