En Ecuador, la tecnología comienza a consolidarse como un apoyo para la prevención y gestión de enfermedades. De acuerdo con una entrevista realizada en 2025 a la Asociación Ecuatoriana de Distribuidores e Importadores de Productos Médicos, el 99% de los dispositivos médicos utilizados en el país son importados. Esta realidad evidencia una alta conexión con mercados internacionales y, al mismo tiempo, una dependencia tecnológica que plantea oportunidades para desarrollar soluciones ajustadas a las necesidades locales. En este escenario, el monitoreo digital aparece como una alternativa para ampliar la atención más allá del consultorio.
En la práctica, el seguimiento de pacientes crónicos y poblaciones vulnerables aún se realiza, en muchos casos, de forma manual, lo que limita la detección temprana de complicaciones. A esto se suman dificultades en la integración de sistemas de información en salud, especialmente en entornos donde el monitoreo continuo todavía no está plenamente implementado. La Organización Mundial de la Salud advierte que en países de ingresos medios persisten brechas en el control de enfermedades crónicas, lo que afecta la capacidad de respuesta oportuna.
A nivel global, la hipertensión —considerada una de las principales causas de muerte prematura— continúa subdiagnosticada. Según la OMS, el 44% de las personas que la padecen no lo saben, lo que incrementa el riesgo de eventos cardiovasculares que podrían prevenirse con un seguimiento adecuado.
En este contexto, los dispositivos conectados y wearables introducen nuevas posibilidades. Estas tecnologías permiten medir de forma continua variables como la presión arterial, la frecuencia cardíaca y la saturación de oxígeno, generando datos en tiempo real que pueden ser analizados por profesionales de la salud sin importar la ubicación. Este tipo de monitoreo contribuye a una evaluación más precisa y facilita la identificación anticipada de anomalías.
Entre las principales aplicaciones se encuentran:
- Monitoreo de signos vitales: dispositivos IoT que registran variables como pulso, temperatura, oxígeno y detección de caídas.
- Alertas en tiempo real: sistemas que notifican ante cambios relevantes en los indicadores de salud.
- Historial clínico digital: almacenamiento en la nube que permite dar seguimiento a la evolución del paciente.
- Integración con aplicaciones móviles: herramientas que apoyan la adherencia a tratamientos mediante recordatorios y seguimiento remoto.
- Analítica avanzada y machine learning: modelos que permiten anticipar posibles complicaciones o enfermedades.
Según el Dr. Gregory Celis, asesor médico de Laboratorios Bagó, el monitoreo continuo amplía la capacidad de respuesta clínica y promueve una mayor participación del paciente en su propio cuidado. Esta dinámica desplaza parte de la atención hacia el entorno cotidiano, con un seguimiento más constante.
El monitoreo preventivo permite identificar cambios antes de que se conviertan en eventos críticos, como infartos o accidentes cerebrovasculares. Desde la operación del sistema de salud, también aporta a una mejor gestión de recursos al reducir consultas presenciales y facilitar la atención en contextos con disponibilidad limitada de personal.
A pesar de estos avances, persisten retos asociados a la seguridad de los datos, la precisión de los dispositivos y la autonomía energética. En este proceso, iniciativas impulsadas por actores como Laboratorios Bagó buscan integrar tecnología y práctica médica, promoviendo un modelo de atención más preventivo, conectado y orientado a las personas.