El Mundial 2026 ya empezó, no en la cancha, sino en la búsqueda digital

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Por César Bettencourt, CEO de Publicis Groupe Ecuador


El Mundial de Fútbol siempre ha sido el evento de mayor atención global, pero hacia 2026 se hace evidente un cambio más profundo en la forma en que las personas lo viven. El torneo ya no comienza con el primer partido, sino mucho antes, en la búsqueda digital.

Es ahí donde empiezan a definirse decisiones clave: qué comprar, cómo ver los partidos, si viajar o cómo compartir la experiencia. Lo que antes era un proceso más espontáneo, hoy se ha transformado en un recorrido estructurado, donde la información, la comparación y la planificación juegan un rol central, incluso hasta nueve meses antes del evento.

Los datos lo confirman. En Ecuador, el Mundial alcanzará a más de 9,2 millones de personas, con un rating televisivo cercano al 47 por ciento y más de 12,5 millones de interacciones digitales. Sin embargo, el cambio más relevante no está en el tamaño de la audiencia, sino en cómo se construye esa experiencia.

Desde Frubis, la unidad data driven de Publicis Groupe Ecuador, hemos observado que el comportamiento del consumidor se organiza alrededor de momentos de intención muy claros. Las personas buscan pertenecer, informarse, equiparse y, en muchos casos, viajar. Este recorrido incluye desde la compra de camisetas o el interés por el álbum Panini, hasta la búsqueda de televisores de gran formato, planes de conectividad o paquetes de viaje hacia las sedes del torneo.

Este proceso tiene además un impacto directo en la economía. Se proyecta un crecimiento del 48 por ciento en la búsqueda y compra de dispositivos tecnológicos, con ventas estimadas de 1,4 millones de televisores inteligentes en el país. En paralelo, el consumo de alimentos y bebidas aumenta en el 85 por ciento de los hogares durante los partidos, mientras que las aplicaciones de delivery pueden crecer hasta un 110 por ciento en los momentos de mayor audiencia.

En turismo, el fenómeno es igualmente significativo. Se estima que los ecuatorianos podrían invertir en promedio más de 8.000 dólares para asistir al Mundial, con una fuerte preferencia por sedes en Estados Unidos, particularmente en ciudades como Dallas, Houston y Miami.

Más allá de los números, lo que estos datos reflejan es un cambio en la lógica del marketing. Durante años, la industria se enfocó en audiencias y alcance. Hoy ese enfoque resulta incompleto si no se incorpora una lectura profunda de la intención. Cuando una persona busca, no solo está explorando opciones; está avanzando en una decisión.

Este comportamiento también evidencia una integración cada vez más natural de los canales. El 80 por ciento de los consumidores combina televisión y plataformas digitales para seguir el Mundial, construyendo una experiencia simultánea donde el contenido se consume, se comenta y se amplifica en tiempo real.

Para las marcas, esto implica un cambio. La relevancia ya no se juega únicamente durante el evento, sino antes, en los momentos donde se forma la intención. Entender esas señales, interpretarlas correctamente y actuar a tiempo se vuelve determinante en un entorno donde la competencia ya no es solo por visibilidad, sino por significado.

El Mundial 2026 sigue siendo fútbol. Pero también es una expresión clara de cómo evoluciona el consumo. Y en ese contexto, el partido más importante ya no se define únicamente en la cancha, sino en la búsqueda digital.