Por Javier Vera, Jefe de Tecnología, NOVOPAN del Ecuador SA
Antes de ir hacia automatización avanzada, las organizaciones deben entender cómo operan realmente sus procesos y su aporte a la creación de valor del negocio. El diagnóstico de madurez digital, apoyado en minería de procesos y quick wins bien seleccionados, permite construir una hoja de ruta escalable con resultados medibles desde las primeras etapas.
Ejes de análisis
- Madurez digital como punto de partida estratégico
- Minería de procesos: ver lo que realmente sucede
- Quick wins como validación organizacional
- Automatizar con sentido de negocio
Hablar de automatización avanzada se vuelve habitual en los planes de transformación digital de las compañías. Se implementan robots, scripts o incluso modelos de inteligencia artificial. Sin embargo, automatizar tareas no es igual a automatizar procesos.
La automatización de tareas tiene un objetivo, eliminar trabajo manual repetitivo mediante herramientas como RPA, reduciendo tiempos de ejecución y errores humanos. Casos como el registro de facturas, conciliaciones o cargas de información muestran mejoras inmediatas cuando se reemplazan actividades manuales por flujos automatizados.
La automatización avanzada va más allá de ese primer nivel. Incorpora agentes de inteligencia artificial capaces de tomar decisiones, aprender del contexto operativo y ejecutar acciones autónomas dentro de procesos end-to-end. Ejemplos como la generación automática de órdenes de venta a partir de conversaciones o el reaprovisionamiento de inventarios. Dar ese salto exige compromiso, pero sobre todo un profundo entendimiento de la operación y la estrategia del negocio.
Uno de los errores más costosos en los programas de automatización es avanzar sin un diagnóstico previo de procesos y madurez digital. Cuando los primeros proyectos no entregan valor tangible, se erosiona la credibilidad de la estrategia digital ante la alta dirección y los equipos operativos comienzan a percibir la tecnología como una carga adicional.
Tener claridad sobre estas etapas evita el riesgo de “automatizar la ineficiencia” y caer en el “Value Void”, es decir, el valor o beneficio proyectado no se materializa porque los procesos no están preparados para ser automatizados.
El diagnóstico de madurez permite priorizar y tener un roadmap de proyectos de alto impacto y valor, como por ejemplo la automatización en el flujo de Procure-to-Pay, utilizando la Minería de Procesos para identificar “dolores” específicos y variantes no conformes. De esta forma, la transformación digital deja de ser solo un enunciado o un conjunto de experimentos o iniciativas tecnológicas para convertirse en una ventaja competitiva duradera, habilitando una cultura data-driven capaz de escalar junto al negocio.
Madurez digital como punto de partida estratégico
La madurez digital actúa como un compás que orienta las decisiones tecnológicas. Permite identificar en qué etapa se encuentra cada proceso end-to-end —desde estados iniciales hasta niveles optimizados— y construir un roadmap, ordenado y escalable, donde cada iniciativa sirve de base para la siguiente.
En el caso de Novopan, después de haber salido en producción con toda la nueva plataforma tecnológica en el año 2025, estamos realizando este diagnóstico de madurez digital transversal como nuestra nueva línea base. Este diagnóstico permite asegurar que los procesos estén debidamente estructurados e integrados antes de intentar el siguiente salto hacia la etapa de Optimizado / Innovador, por ejemplo, la inteligencia artificial agéntica (AI Agents); garantizando que la hoja de ruta sea coherente con la realidad operativa.
Antes de pensar en automatización avanzada, una organización necesita cumplir ciertas condiciones como:
Sin estos elementos, la automatización tiende a convertirse en un conjunto de iniciativas difíciles de escalar y complejas de sostener en el tiempo.
Minería de procesos: ver lo que realmente sucede
Dentro de la automatización avanzada, la minera de procesos (process mining) es vital porque permite diagnosticar la “salud” de los procesos, mientras las herramientas de BI describen resultados —qué pasó y cuándo—, la minería de procesos permite entender el porqué. A partir del análisis de los registros reales de los sistemas, esta tecnología expone el flujo efectivo de la operación, revelando desviaciones del estándar, cuellos de botella y variantes no conformes que consumen tiempo y recursos, pero que no suelen aparecer en los reportes tradicionales.
Al abordar primero las causas de las ineficiencias, la organización puede priorizar la simplificación del sistema, un ciclo de mejora continua: diagnosticar, automatizar, optimizar. Este orden permite obtener resultados medibles y sostener una cultura basada en datos data-driven.
En la práctica, este análisis de minería de procesos suele mostrar una brecha entre la percepción de la alta dirección y la ejecución cotidiana de los equipos. Aparecen pasos manuales no documentados, reprocesos generados por datos incorrectos y excepciones que se han normalizado con el tiempo. Esa visibilidad habilita decisiones concretas como refinar el proceso, ajustar roles, capacitar al personal o introducir tecnología donde realmente aporta.
El enfoque va hacia el valor que la automatización brinda a cada proceso de tal manera que las personas que antes realizaban trabajo operativo ahora realicen labores que aporte valor y a la mejora continua y esto se vuelve un círculo virtuoso.
Quick wins como validación organizacional
Una vez diagnosticada la operación, el siguiente paso razonable es demostrar valor de forma controlada. Los quick wins cumplen ese rol cuando se seleccionan con criterio.
Un buen punto de partida para implementar RPA suele ser un proceso de baja complejidad, manual, con tiempos acotados de implementación y una carga operativa relevante. Este tipo de procesos permite obtener resultados en plazos cortos y generar evidencia concreta del impacto de la automatización.
Este primer caso funciona como un MVP organizacional. No solo valida la viabilidad técnica de la solución, sino que construye confianza antes de avanzar hacia procesos de mayor complejidad. En esta línea, en el caso de Novopan, para demostrar un quick win se seleccionó un subproceso dentro del flujo Order-to-Cash, específicamente la emisión de notas de crédito asociadas a un esquema de aprobación.
Previo a la automatización, este cierre mensual requería cruces manuales de información y múltiples pasos en el ERP para el registro de la nota de crédito. Con la implementación de RPA, el tiempo de ejecución se redujo a minutos, eliminando errores humanos y reprocesos que antes consumían horas de trabajo operativo.
Hay estudios que demuestran mejoras tangibles: hasta un 95% de mejora en productividad, reducción de errores en un 98% y retornos de inversión (ROI) que pueden superar el 100% en pocos meses. En nuestro caso estamos evaluando el impacto, hay mejoras palpables y esto en si ya genera confianza en la organización y facilitan la aprobación de presupuestos futuros.
La automatización, en ese escenario, se convierte en un círculo virtuoso. El diagnóstico permite priorizar, los quick wins generan confianza y los resultados habilitan el escalamiento hacia iniciativas más avanzadas, como la inteligencia artificial agéntica (AI Agents). La tecnología deja de ser un experimento aislado y pasa a formar parte de una ventaja competitiva sostenible.
Automatizar con sentido de negocio
Para las organizaciones que buscan mayor agilidad y escalabilidad, la recomendación es clara: el primer paso práctico no es incorporar la tecnología más reciente, sino entender su propia madurez digital. Ese ejercicio, complementado con minería de procesos, ofrece una lectura clara de la operación real y permite cerrar la brecha entre potencial tecnológico y resultados efectivos.
La automatización avanzada comienza con diagnóstico, orden y visibilidad. Sin ese trabajo previo, cualquier iniciativa corre el riesgo de amplificar ineficiencias existentes y diluir el valor que la tecnología puede aportar.